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A juzgar por el contenido y alcance del pliego petitorio, en realidad el movimiento estudiantil era, en cierta forma, inofensivo, solo tenía exigencias relacionadas con las libertades democráticas, su satisfacción no hubiera provocado un mayor problema. Sin embargo en virtud que atentaba contra el “sagrado principio de autoridad”, fue enfrentado con la torpeza, a través de la represión policíaca y militar, en vez de buscar una salida política que tanto bien hubiera hecho a el país.
Los siguientes son las demandas que integraban el Pliego Petitorio:
La lucha por la democracia por parte del movimiento estudiantil constituyó un aviso al gobierno de que su sistema estaba caduco, que los ideales por los que se lucho en la revolución han sido abandonados para acoger los principios de una élite plutocrática en el poder, dando muestras de que el país se ha vuelto desigual y lleno de contradicciones.
El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, de la manera más torpe, vendía la imagen, no solo a extranjeros sino a los nacionales que el progreso y el desarrollo iban cambiando a México, ocultando su total censura a toda la crítica; rechazando y condenando la inquietud de los jóvenes estudiantes que empezaban a ver los peligros de un gobierno casi absolutista, siendo la figura presidencial intocable e inamovible.
El movimiento estudiantil, despertó a la sociedad de un letargo, donde solo se había ocupado de vivir una realidad fantasmal, en un país en el que nada pasa, mostrándole una realidad combativa, enfrentándose a la violencia de un Estado autoritario y paternalista, combatiendo con el arma mas importante que poseía la juventud de esa época: la imaginación, de la cual nos quedan legados como el cancionero del movimiento estudiantil que cumple dos funciones importantes, guardar la historia en su lírica para que las generaciones posteriores conozcan de la realidad que se vivía en aquellos momentos de represión y la otra que cumplen los corridos y que son una memoria, a veces dolorosa que ayuda a concientizar a la población en general de la opresión en la que se esta viviendo.
Las clases en las escuelas fueron sustituidas por un intenso activismo político que duró 160 días de movilizaciones. Al principio los medios de comunicación censuraban todas las noticias por lo que existe la necesidad de transmitir los hechos de diversas formas, ya fuera con boletines repartidos casi en la clandestinidad o haciendo uso de la música mexicana para tener sus propios corridos adaptados a la música de los ya tradicionales, donde se plasma los momentos cruciales de esa intensa lucha social, no solo en los sitios donde se informaba a la gente, o en las manifestaciones, también en las escuelas.
Intelectuales como Juan Rulfo, José Revueltas, José Agustín, artistas, directores de organizaciones religiosas como la Compañía de Jesús muestran su apoyo al movimiento y le exigen al gobierno una solución pacífica a las demandas estudiantiles, promoviendo la libertad de expresión. En contraste, los encargados del despacho de las Secretarías de Estado, los Diputados y hasta la propia Confederación de Trabajadores de México, otorgaron su apoyo incondicional a el gobierno acusando a los estudiantes de alborotadores, intransigentes, antipatrióticos, y desleales a su nación por querer desestabilizar a México.
Los voceros del gobierno diazordacista acusan y calumnian, pero no prueban que el Consejo Nacional de Huelga, tenía la firme intención de convertir a comunista a la población mexicana, para implantar un gobierno socialista, diciendo, incluso que no representa a la mayoría estudiantil.
El Diputado priísta Luis Marcelino Farías, presidente de la Cámara de Diputados, con el fin de justificar la entrada del ejercito a la Cuidad Universitaria, declara que no fue posible por los propios medios de la autonomía universitaria reestablecer el orden, así que se tiene que agradecer al gobierno, la toma de las instalaciones y que pida la devolución de las mismas, para que ahora si se estudie e investigue y no se haga política en las aulas.
La intolerancia del gobierno de Díaz Ordaz, es la respuesta a la negativa de resolver el conflicto en el que estaba inmerso no solo el Distrito Federal sino el país entero, justificando la violencia en pos de una imagen de estabilidad en el país, sosteniendo que la juventud que valía la pena, era la que se formaba para ser parte del Ejercito Mexicano, con los valores mas altos de lealtad, honestidad y patriotismo. Agregaba que el mayor mérito de los estudiantes que se formaban en el Colegio Militar tenán como ejemplo a seguir las Fuerzas Armadas, llamando a la juventud a no caer en la provocación de esos que se llamaban estudiantes y que en realidad eran delincuentes sociales que perturban la paz en la que vivía la sociedad.
Ante el mundo se intentó justificar la matanza de estudiantes argumentando que la represión era el único recurso que había, pues el gobierno sostenía que era imposible dialogar con ellos, pero la opinión pública nacional e internacional, percibió la intolerancia de la clase política en el poder y su ceguera lo condujo a ver en las universidades donde se desarrollaba el movimiento social, verdaderos centros subversivos, de vicios o prostíbulos donde se le atacaba o cuestionaba su forma de ejercer el poder.
Desde una óptica más objetiva, los estudiantes, aspiraban a una educación crítica y científica y a escuelas con gobiernos democráticos, con maestros honestos y capaces, que los prepararán para forjar un futuro basado en la democracia, abriendo un camino diferente al que ofrecían las clases sociales dominantes del país, diciéndoles que su papel no era el de sumisión y mucho menos ejercer el pobre papel que dictaba la historia oficial de la revolución, con políticas que denigran y empobrecen más a la población tanto urbana como rural.
La represión como única solución a las exigencias de los movimientos sociales dan la característica principal de una clase monopolizadora del poder, un sistema de gobierno que dice sustentar sus bases en la legitimidad que otorga la ideología de la revolución mexicana, pero que en realidad no acepta las criticas que se le hacen, deseando tener las manos libres para hacer de el país lo que quisieran, en materia económica, social y política, sin importarle las consecuencias que asuma la población.
La sociedad quedó con una herida que no termina de sangrar, y no olvida. Aun hay memoria que impide soslayar el hecho criminal, que pinta de cuerpo entero la intolerancia del partido en el poder y ponen en alerta la política asfixiante hacia los movimientos sociales, que con ayuda de la prensa son descalificados para que la gente siga creyendo en las verdades mentirosas que responden a los intereses de unos cuantos.
El presidente Luis Echeverría Álvarez, responsable de la matanza de estudiantes el 10 de junio de 1971 y de la guerra sucia emprendida contra el movimiento guerrillero, intentó dar a su gobierno un giro distinto al de su antecesor. El homenaje que rindió a los caídos del 2 de octubre de 1969, durante su campaña electoral en la Universidad Nicolaíta de Michoacán, la incorporación de cuadros recién egresados de la universidad a su gabinete, la aplicación de una politica tendiente a recuperar la legitimidad entre campesinos y sectores medios, además de la ampliación sustancial de los recursos destinados a la educación pública y el estímulo al crecimiento de la matrícula en las escuelas públicas, hablan de esa profunda huella del movimiento de 1968.
Aquí también se inscribe el intento fallido por revigorizar el PRI con la incorporación de Jesús Reyes Heroles y de Enrique Gonzáles Pedrero como sus principales dirigentes. Lo anterior hablaba de cierta sensibilidad para captar la necesidad de cambios, pero como en otras ocasiones, a la hora de la verdad, estos políticos fueron hechados de forma grosera de la dirección del Partido Revolucionario Institucional.