Por Angélica Gutiérrez Torres y Lorenzo Gutiérrez Bardales

 

Introducción

 

1968, fue un año crucial para México. Durante 3 meses, a partir del 26 de julio y hasta el 2 de octubre, la Ciudad se vio envuelta por un movimiento estudiantil popular a favor de las libertades democráticas, que comprendió marchas normales y de silencio, mítines normales y relámpago, huelgas en las escuelas públicas  de educación media superior y superior, pintas de bardas y camiones, miles de asambleas, edición de millones de volantes, cientos de miles de pegas, centenares de manifiestos, brigadas en toda la Ciudad, debates entre intelectuales, discusiones entre padres e hijos, conmoción, división y confusión en la iglesia católica, apoyo y descalificación por parte de los partidos políticos, guerra de declaraciones entre líderes estudiantiles y representantes del gobierno, cierre de escuelas por parte del Ejército Nacional Mexicano, actos de defensa de la autonomía encabezados por el rector Javier Barros Sierra. Hasta que la tarde del miércoles 2 de octubre esta protesta juvenil de inspiración democrática, fue ahogada en sangre por el Ejército Nacional Mexicano y los diversos cuerpos policíacos en la Plaza de las Tres Culturas en Nonoalco Tlatelolco, a través de una acción concertada denominada Operación Galeana, ordenada por el titular del Poder Ejecutivo Federal.

El pueblo de México fue agraviado y hasta la fecha las heridas no logran sanar. Ninguno de los culpables de este crimen de Estado, ha sido juzgado.

Las nuevas generaciones de estudiantes repiten con emoción, valor y coraje la consigna aprendida de la generación del 68: ¡Dos de octubre no se olvida!.