Empleo y política económica

 

Guillermo Knochenhauer

 

Al país le urge crecer más rápido y tiene los recursos para hacerlo. Lo que falta es cambiar los objetivos de la política económica. La que sigue vigente fue inaugurada hace 25 años por Miguel de la Madrid. Entonces fue necesaria para recuperar los equilibrios macroeconómicos, pero hace muchos años que sólo obstaculiza el fortalecimiento de la demanda, de las inversiones, del crecimiento y del empleo.

 

Hoy por hoy, el problema más apremiante es el del empleo con sus viejos rezagos y las nuevas y enormes presiones laborales. Hay que cambiar la estrategia económica que lo generó. El rezago es descomunal. Durante el periodo 1983-2004 (el de la estrategia neoliberal, aun vigente) no encontraron trabajo 14.9 millones de nuevos demandantes; de ellos, casi 7 millones cambió su residencia, sin documentos, a Estados Unidos.

 

La emigración fue una válvula de escape a la presión sobre el mercado laboral del país, que ahora está más cerrada. Durante el sexenio de Fox, la salida de mexicanos aumentó a medio millón de personas por año. Nadie hasta ahora, ha previsto cuántos serán los mexicanos que no puedan irse por los riesgos y costos más elevados que implica el reciente “sellado” estadounidense  de la frontera.

 

El empleo informal fue otra salida al desempleo. Por alguna razón que no se ha explicado, la economía informal, que fue el más dinámico empleador durante los últimos 20 años, ha perdido esa capacidad ocupacional. Una causa puede ser que ya no caben tantos ambulantes en las banquetas ni franeleros y limpiaparabrisas  en las esquinas. El hecho, según el INEGI, es que 250 mil personas perdieron su trabajo en la economía informal durante el primer trimestre de este año, las cuales están buscando un trabajo formal o su huída a Estados Unidos.

 

El mero crecimiento de 900 mil personas al año que llegan a la edad laboral, más las dificultades para cruzar a EUA o encontrar ocupación en la informalidad, hacen que la actual exigencia de empleos sea la mayor en la historia. El asunto se complica porque además de más empleos, se requieren mejores remuneraciones al trabajo ya que, como está sobradamente demostrado, no hay crecimiento posible en la desigualdad. Ningún país próspero (China, la India, Chile, no están en esa categoría) tiene una masa salarial menor al 55 por ciento del PIB; en México es de apenas 33 por ciento.

 

La solución lógica es de Perogrullo: abandonar el modelo económico neoliberal, que puso énfasis en contener la demanda mediante políticas monetarias y fiscales, al mismo tiempo que se abrieron las fronteras al “libre” comercio internacional. Ese “neoliberalismo” es la careta con que las empresas multinacionales se han apropiado de los activos de las naciones cuyos políticos se prestaron a tal despojo. El pretexto fue que había que combatir la inflación comprimiendo la demanda y atraer inversiones multinacionales para convertir las exportaciones en el motor del crecimiento de la oferta y en el elemento de participación de México en la globalización.

 

México no será parte activa de la globalización mientras no tenga políticas que integren el fomento de la  productividad por el lado de la oferta con la ampliación del mercado, vía aumentos reales de salarios, por el lado de la demanda.

 

Si Calderón quiere cumplir su promesa de ser el presidente del empleo, y además responder a las quejas empresariales por la pérdida de competitividad y el lento crecimiento de la economía (El Financiero 12/06/2007), tendría que cambiar los criterios de política económica y poner punto final al sacrificio del crecimiento económico, del empleo y de los salarios en aras de una lucha contra la inflación que ha salido más cara que la enfermedad.

 

Sin que tenga que perderse la estabilidad macroeconómica, es posible revisar las modestas metas de crecimiento del Plan Nacional de Desarrollo -apenas 3.6% anual promedio del PIB durante el sexenio- y lograr que el gobierno al menos parezca comprometido con aquel viejo axioma de que el fin último del desarrollo sólo puede ser el bienestar social.

knochenhauer@prodigy.net.mx