La guerra y la paz
Son fenómenos recurrentes en la historia de la humanidad. Por ello, cabe examinar la importancia de las libertades o del reconocimiento de los otros y otras, los diferentes, para promover la preservación de la paz. Sobre ello reflexionó la controvertida filósofa sirio mexicana, Ikram Antaki, en el Manual del ciudadano contemporáneo (Ed. Ariel, México, 2002). Aquí algunas de sus ideas:
El pensamiento sobre la guerra es brillante, mas no sobre la paz. Sobre la guerra tenemos ideas, precisiones; sobre la paz tenemos un pensamiento etéreo, vacío de conceptos reales. La palabra paz viene de pangere: fijar, plantar, establecer. La primera determinación de la paz sería su duración, es decir, la exigencia de estabilidad, es un estado de derecho moralmente fundado. Tampoco es un estado natural; esta instituido por la voluntad. En ella se necesitan dos partes.
Ninguna paz está garantizada, la mayoría de las paces son guerras frías. Se puede pensar en la guerra como el despertar de unas fuerzas antagónicas que duermen dentro de la paz. La paz es algo vivo, despierto, trata de subyugar las fuerzas de la guerra sin lograr jamás domarlas totalmente. La paz es ausencia de rebelón, voluntad general de vivir juntos; no excluye el antagonismo: lo enmarca. Se parte del principio de que toda vuelta al estado de naturaleza es peor que cualquier estado social. Pero hay que garantizar el funcionamiento de las válvulas de seguridad: la libertad de pensamiento y la libertad de expresión fundan la República, a condición de no llamar abiertamente a la violación de las leyes. Es el poder legislativo el que debe proclamar una reforma progresiva a la ley.
La primera ley humana consiste en poner un término al estado natural de guerra. La paz no es natural, es instituida; debe ser hecha y declarada. ¿Quién la declara? La razón, que elabora planos, proyectos, artículos, convenciones, pactos. La paz no es un estado, es un futuro, un devenir, un proceso.
Hay una pacificación violenta hecha por voluntad particular, que engendra una paz inestable, suprime la libertad y la diferencia, y se vuelve inflexible: es el derecho del más fuerte, destinado al fracaso a largo plazo. También existe la pacificación suave, que puede efectuarse por medio de la razón moral, de los intereses o de la persuasión; es una mezcla de elementos racionales e irracionales. La tensión siempre está presente. La paz no es supresión de la violencia, sino contención de la violencia.
Existe una multiplicidad contradictoria de voces humanas; del individuo al Estado y del Estado a la sociedad, la paz consiste en interiorizar al otro. El otro cabe, hay lugar para todos. La paz nunca debe tratar de suprimir las diferencias: debe mantener la distinción entre el amigo y el enemigo; pero respeta las diferencias, contiene los conflictos. Cuando el interés privado le gana al interés público se rompe la paz. Se llega a llevar a los seres humanos hacia la paz casi a pesar suyo. La paz es tan inherente a la naturaleza humana como lo es la guerra. Hay que mostrar las dificultades de su realización, no debemos decir que basta con querer para poder.
Frente por la Cultura Laica