LOS ESCÉPTICOS, LOS RACIONALISTAS Y LOS CIENTÍFICOS DE AYER NOS LIBERARON DE FANATISMOS

 

 

En su polémica con el filósofo Régis Debray, el destacado científico Jean Bricmont resalta que, no obstante que las ilusiones y creencias se antojen útiles en términos sociales o políticos, no por ello adquieren la categoría de verdades científicas ni de verdades de orden “superior”.  Aquí presentamos algunos de los argumentos de Bricmont, publicados en A la sombra de la Ilustración. (Ediciones Paidós Ibérica S.A., Barcelona, España, 2003):

 Pensadores como Berrand Rusell admiten honestamente que el intelecto humano no es capaz de aportar respuestas concluyentes a numerosas preguntas esenciales para la humanidad, pero rehúsan creer que exista un camino “superior” del conocimiento a través del cual puedan descubrirse verdades ocultas a la ciencia y a la inteligencia…aquello que podemos efectivamente conocer lo conocemos por medios científicos.

 Ha existido y sigue existiendo una mentalidad hostil a toda aproximación biológica al ser humano, debida a preocupaciones morales y políticas. Por un lado, está el temor al determinismo y a la desaparición de nuestro libre albedrío. Pero, en la medida en que sea científica, toda explicación hablará de causas y de efectos y será, cuando menos en parte, “determinista”. Por otro lado, el problema no estriba en que se conozca demasiado bien al ser humano, sino en que lo conocemos demasiado poco. Suceda lo que suceda, una buena parte de nuestro comportamiento permanecerá inexplicada en términos científicos durante mucho tiempo e incluso para siempre, y quienes gustan de la expresión “libre albedrío” podrán utilizarla para designar ese “resto”.

 

 

…me interesa subrayar que lo esencial del discurso religioso puede analizarse en función del eje verdadero-falso y que no existe razón alguna para creer que es verdadero…se corre el riesgo de legitimar o de confundirse con la principal argucia del discurso religioso contemporáneo, a saber, la idea de que la religión se ocupa de verdades de un orden distinto al de la ciencia. Este discurso se apresura a presentar la religión como algo étereo, que pretende evitar el conflicto con la ciencia por todos los medios posibles e imaginables, en realidad porque este conflicto tuvo lugar y los creyentes lo perdieron.

 

 

…es preciso distinguir entre los distintos aspectos de lo que solemos llamar religión. Tenemos la creencia en seres invisibles e imaginarios, un consuelo relativo a la continuación de la vida después de la muerte, una pseudociencia, una moral, un discurso de justificación del poder o de cohesión étnica. Reparemos de paso en que el aspecto pseudocientífico se ve, en general, repelido con desprecio fuera de la religión por los cristianos modernos y que es asimismo desdeñado por la mayor parte de los discursos laicos acerca de la religión, pero que es fundamental dondequiera que al religión se muestra fuerte.

 

 

Es preciso observar que las pseudociencas no estructuran nuestras vidas en la esfera moral o política, de la misma forma que lo hacía la Iglesia en los tiempos de su esplendor…(cabe) un reconocimiento hacia los escépticos, los racionalistas y los científicos que asumieron riesgos ingentes en aquellos tiempos para que pudiéramos vivir hoy liberados de las creencias religiosas…

 

 

Estoy dispuesto a admitir que los fundamentalistas son fuertes, entre otras razones, porque cuentan con buena financiación… No podemos hacer como si los fundamentalistas hubiesen ganado la partida por los siglos de los siglos y se hubiesen convertido en nuestro porvenir…Ahora bien, incluso si hemos de reconocer que los laicos se hallan hoy en una posición de debilidad en muchos lugares, ¿quién le dice a usted que esto no cambiará el día de mañana?

 

 

Frente por la Cultura Laica