La reforma fiscal de Calderón

Guillermo Knochenhauer

México necesita, hace más de 50 años, una reforma hacendaria que sea equitativa en la recaudación y que al asignar el gasto público fomente el crecimiento de las inversiones, del empleo y del bienestar social. Desde el fracaso del Plan de Acción Inmediata, en la época del desarrollo estabilizador, todo intento de hacerla ha fallado.

La principal razón es muy sencilla: una reforma hacendaria con esas características, tiene que gravar más a quienes más tienen que son, por arte de nuestro sistema político, no sólo económicamente poderosos sino políticamente influyentes. Ya el ex secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog lo advirtió hace tiempo: “el sistema fiscal tiene muchos años con temor a gravar en serio a los grandes contribuyentes”.

El secretario Agustín Carstens, de Hacienda, formuló una propuesta que no fortalece las finanzas públicas, sino que se conforma con evitar que el gobierno de Calderón termine en un colapso financiero.

De lo que se trata, para evitar el colapso, es que paguen impuestos sectores que estaban exentos, como los autotransportes, el agropecuario y las escuelas privadas. Si se logra salvar, también sería un avance importante que ya no se permita a los corporativos que agrupan varias empresas, consolidar sus resultados gravables.

Hasta ahí lo positivo de la reforma propuesta al Congreso. Sin embargo, los peritos fiscales le han encontrado demasiadas inconsistencias al trabajo de Carstens. Una esencial es que la Contribución Empresarial a Tasa Única (CETU) o simplemente tasa empresarial única, está calculada para equilibrar las finanzas públicas en los próximos 5 años y no para lo que mejor sirve.

En la docena de países que han adoptado con éxito la tasa única, -Irlanda y Rusia entre otros- el impuesto apenas rebasa el 12 por ciento. La razón es que una tasa relativamente baja puede alentar las inversiones, el crecimiento y el cumplimiento empresarial de sus obligaciones, y de esa manera servir al equilibrio fiscal. Carstens pensó al revés: calculó que debe cobrar 19 por ciento de tasa única para que le cuadren las cuentas del equilibrio fiscal en el 2012.

Demetrio Sodi (EL Universal 30 de julio de 2007) recoge datos de la subsecretaría de egresos de Hacienda muy elocuentes: las pensiones del sector público aumentarán de 2.2% del PIB en 2006 a 3.2% en 2012; los Pidiregas pasarán de 50 mil millones de pesos a más de 160 mil, un 0.9% adicional del PIB; los gastos de operación no programados y los subsidios aumentarán otro 1.1 % del PIB y calculan que habrá una reducción de 1% del PIB en los ingresos petroleros. Por otro lado, esperan ahorros de 0.4% en servicios personales, y un aumento de ingresos no petroleros de 0.5%, lo que da como saldo 3.1% del PIB de recursos adicionales que le urgen al gobierno para no caer en una situación crítica en el 2012.

Como dice Anastasia O´Grady, columnista del Wall Street Journal (3 de julio, 2007), el error de Carstens es seguir siendo fiel al pensamiento del FMI, que hace del equilibrio fiscal el referente obligado de toda política económica. La conclusión es inquietante: la reforma fiscal no va a ser causa de más crecimiento, de más empleo o de más inversión y sin embargo, sigue siendo urgente ya que de no aprobarse, las repercusiones en la estabilidad financiera y económica del país serían muy negativas.

Un tema que ha unido a los legisladores del PRI y de otros partidos en contra de la reforma, es que la propuesta calderonista no se compromete a reorientar un gasto público que Vicente Fox convirtió en despilfarro. Entre 2000 y 2006, el gobierno de Fox recibió 700 mil millones de pesos como ingresos adicionales derivados de los altos precios del petróleo, de los cuales dedicó 381 mil millones a elevar el gasto en nómina y de operación del gobierno. En el mismo lapso, la inversión pública –detonante de la inversión privada y del empleo- cayó 4.6 por ciento.

La propuesta fiscal de Calderón, debió ofrecer medidas de ahorro en gasto corriente y de vinculación del presupuesto de egresos a proyectos de inversión y desarrollo social.

knochenhauer@prodigy.net.mx