EL ÁLAMO, La película
Andrés Bonilla
El día seis de abril se estrenó en muchos cines de México la película El Álamo. Como bien dice el crítico de espectáculos, Esteban Macías, producida por gringos, actuada por artistas gringos y dirigida por gringos, donde se ensalzan los valores gringos y donde hacen ver mal a los mexicanos de aquella época.
Hasta ahí la crítica, sin más, sin embargo habría que acotar en algunos puntos, y abundar en otros, según sea el caso, por las siguientes consideraciones:
Si bien podríamos estar de acuerdo con Macías, habría que profundizar mucho más. La película es extraída del contexto decimonónico y de las implicaciones futuras hacia el mundo. Presentar una épica del siglo diecinueve a la manera del holywood movie, es borrar, aparte de ser un insulto a la inteligencia, de manera bastante simple la realidad histórica.
En primer lugar, Remember the Alamo, adquiere un significado de alcance universal después de 168 años de haber sucedido. El fuerte levantado en 1718 por la misión franciscana de San Antonio de Valero, se convirtió en fortaleza de El Álamo en San Antonio de Béjar, Tejas en 1793, y hasta donde precisa la historiografía y mapas del mundo, territorio del México independiente, de cuya disputa y enfrentamiento entre “colonos” liderados por Samuel Houston y el ejercito mexicano comandados por Antonio López de Santa Anna, podría manejarse hipotéticamente, como la política expansionista de los gobiernos estadounidenses para introducir una cabeza de playa en México.
En segundo lugar, el asalto al fuerte, también hipotéticamente, sirvió de pretexto para esgrimir la política exterior estadounidense al sacrificar a 187 “texanos” y continuar o privilegiar el expansionismo angloamericano, y como un ejemplo a la libertad del hombre blanco, al ser liderados por piratas y salteadores como Davy Crockett y James Bowie, incluso Samuel Houston, casi todos salidos del estado de Tennessee, y casi todos también esclavistas, fueran estos “colonos”, fueran diputados como el despiadado aventurero Crockett.
En tercer lugar, El Álamo fue la jugada perversa del asalto final a la conquista del lejano oeste para los estadounidenses, de un sueño largamente acariciado por los padres fundadores de las trece colonias, hasta la provocación montada por el presidente Knox Polk en el Río Bravo para la conversión a Estados Unidos de Norteamérica. Así mismo, debe considerarse como la más grande infamia universal que pueblo y gobierno pudo someter a otro.
Habría que resaltar el papel del historiador y político mexicano Lorenzo de Zavala, diputado a las Cortes españolas en 1820, después importante personaje en el Congreso Constituyente mexicano de 1824, federalista, gobernador del estado de México, Ministro de Hacienda hasta 1829, desterrado a Europa en 1830, para regresar a la política en 1832, pero ahora al lado de los “separatistas” texanos.
Davy Crockett, este personaje tan audaz como nada respetable, tan importante para el Congreso de los Estados Unidos, jugó su papel histórico como operador político del general Jackson (séptimo presidente de EU), conocido por leyendas poco o nada creíbles, mejor conocido como el “león de los bosques”, tenía junto con este general, el nada meritorio curriculum de haber impuesto una paz a los indios creek, al derrotarlos y despojarlos de más de ocho millones de hectáreas, aproximadamente 40 por ciento del total de que fueron objeto las naciones indias.
Otros tres agentes importantes del gobierno estadounidense, lo fueron sin lugar a dudas: William B. Travis de Carolina del Sur, asaltante de la guarnición mexicana de Anáhuac para pretender provocar una sublevación el 30 de junio de 1835; James W. Fanin, colono de Georgia y traficante de esclavos y James Bowie de Kentucky, cuyas “virtudes” de esclavista y al parecer gigoló, porque se casó con la hija del Vicegobernador de Coahuila y Tejas, Ursula Veramendi, no sin antes avecindarse en Saltillo en 1830 y adoptar la nacionalidad mexicana, lo convierten en pieza clave del asalto al Álamo. Estos dos últimos, lugartenientes de Edward Burleson, primer aventurero que tomó las armas contra México.
Andrew Jackson, después de haber redactado la Constitución de Tennessee en 1796, fue dos veces presidente de los EU (1829-1837), después de exitosa carrera por diferentes cargos de elección popular y otros puestos públicos importantes, así como de convertirse en azote de los indios seminolas e invasor de los territorios coloniales de España en las Floridas.
James Knox Polk, presidente de Estados Unidos (1845-1849), otro personaje importante y para variar gobernador de Tennessee, por supuesto, ya perfilaba en sus planes la anexión de Tejas, además por la presión de la creencia popular del destino manifiesto y de la doctrina Monroe, toda vez, que fue electo diputado por Tennessee para la Cámara de Representantes de EU durante el largo período de 1825 a 1839, tiempo suficiente para madurar su voracidad expansionista.
Otro personaje mexicano, el más importante de todos, pieza clave para la perdida de soberanía del territorio de Tejas, y de todo el noroeste mexicano por supuesto, lo fue sin duda su “Serenísima Excelencia” con poderes plenipotenciarios, el general y presidente: Antonio López de Santa Anna, el “Napoleón del oeste” como lo conocían los aventureros de Tennessee.
La emigración estadounidense fue desbordada allende la frontera, fundamentalmente de Tennessee, es decir, la llamada guerra de independencia de Texas fue exportada desde ese estado sureño con el apoyo de los políticos - agentes y aventureros estadounidenses. La frontera como así la llamaban los bostonianos, era un obstáculo para los fines expansionistas, tanto de sureños como de norteños. La frontera del septentrión de la Nueva España era descuidada y era olvidada, primero por españoles, luego por mexicanos.
Después de consumada la guerra de independencia de México, se hicieron visibles los problemas. La Constitución mexicana de 1824 dio reconocimiento a los límites fijados en el Tratado de Adams – Onís firmado entre Estados Unidos y España en 1819, ratificados ambos Tratados en 1832 por los gobiernos de la Unión Americana y de México, una vez instaurada la República Federal en 1831.
No obstante, que Thomas Jefferson, el tercer presidente de Estados Unidos y esclavista, había comprado en 1803 la Luisiana a Francia, seguía desbordándose la población migrante hacia el medio oeste, allende Tennessee, por medio del aventurero - operador y diputado - agente Crockett, quien en su período como legislador en 1833 luchó por la aprobación de una ley que concediera tierras a los colonos de Tennessee. Al ser derrotado en 1835 en las elecciones al Congreso, se lanza a la aventura del Álamo.
El general Samuel Houston que decidió sacrificar a los 187 aventureros del Álamo, no regresó a éste, sino que hizo salir a Santa Anna para tomarlo por sorpresa en un lugar abierto cerca de la desembocadura del río San Jacinto el 21 de abril de 1836, al grito de: “¡Recordad El Álamo!” lo derrota y después de tenerlo como prisionero por unos meses, le da su libertad por la cesión de todo el territorio de Tejas. *
Parece ser, que el punto de quiebre, no solamente para México, sino para el mundo, ha sido el Álamo y la batalla de San Jacinto, que a la fecha no hay explicación lógica de esa derrota para el ejercito mexicano, cuando Santa Anna inexplicablemente hizo caso omiso a las orientaciones de sus generales, cuyos caprichos arrogantes y de déspota, además, de contar con la traición de su compadre Lorenzo de Zavala, magnificaron su estupidez al perseguir a un grupo de aventureros, sin patria, sin principios, manipulados por el Congreso estadounidense, fundamentalmente por Jackson y Polk, quienes durante todo el período de políticos hicieron el montaje de colosales mentiras convertidas en monstruosidades históricas para convencer al Congreso de EU de intervenir directamente contra los territorios de México.
Knox Polk con tal de convencer al Congreso estadounidense, el 8 de diciembre de 1846 inventaba increíbles historias, denunciando supuestos excesos de los mexicanos a tal grado de considerarlos pérfidos criminales y de invasores, según consta en El Imparcial en junio 12 de 1914 semejante monstruosidad y colosal mentira:
“Los agravios que hemos recibido de México desde que se hizo nación independiente, y la paciencia con que los hemos soportado no tienen paralelo en la historia de las naciones civilizadas... Todos nuestros deseos de mantener la paz han sido correspondidos con insultos y resistencia por parte de México... Esta guerra, lo he declarado muchas veces, no entraña ninguna mira de conquista...” (Mario Gill, Nuestros buenos vecinos, pág. 71)
· Nos hace recordar la “misteriosa” explosión del crucero Maine anclado en la Bahía de la Habana el 15 de febrero de 1898 donde murieron 260 marineros que se encontraban a bordo. Toda la oficialidad se encontraba en tierra. Según la “inteligencia” se supo de un “presentimiento” del capitán y de los oficiales para ponerse a salvo. En 1914, se puso al descubierto un macabro plan de los militares complotado el 24 de diciembre de 1897 conocido como: Plan Breackseason.
Actualmente el fuerte es un monumento histórico, donde se realzan las “proezas” de un puñado de aventureros convertidos en héroes nacionales, fundamentalmente de Davy Crockett, Stephen F. Austin y Samuel Houston. Desde un principio, los estadounidenses, establecieron administraciones militares y asentamientos de colonos con un fin: anexionarse los territorios mexicanos, sin duda.
Todo parece indicar, que en Tejas y en la Alta California, así como en todo el septentrión de México se aplicó el complot del gobierno estadounidense, fundamentalmente de los aventureros del estado sureño de Tennessee, utilizando como bandera de lucha, la necesidad social de tierras y vivienda de otros extranjeros para “independizarse” de México, según testimonios de los propios ciudadanos de ese país como el de Abiel Abott Livermore:
“Hemos establecido administraciones militares en esos territorios y disuelto la fidelidad que sus habitantes debían a México, y los hemos anexado a los Estados Unidos, antes de que un tratado de paz... hubiera decidido a quien pertenecían. Hemos infligido una herida incurable al auto-respeto de México, amputándole, con mano violenta, sus provincias y destruyendo la integridad de sus dominios nacionales. Hemos hecho un implacable enemigo donde necesitábamos un amigo seguro. Y porque hemos adquirido injustamente y por la fuerza, no por derecho, parte de las provincias de Tamaulipas, Chihuahua, Coahuila, todo Nuevo México y la Alta California, hemos de sufrir, temprano o tarde, el más condigno castigo por tan gigantesco error. Tan seguro como que hay Dios reinando en el cielo y una Providencia que toma nota de la conducta humana, no está lejano el día que caigamos bajo la pena de la ley que hemos infringido. Sí, nuestro castigo ha principiado ya!” (Ib. pág. 82)
El antiguo noroeste de México, comprendía los actuales estados de Alta California, Arizona, Nuevo México, Utah, Nevada y Tejas, cuyo 66.2 por ciento de este último se distribuyó para formar a Colorado y porciones para organizar a Wyoming, Arkansas, Nebraska y Oklahoma; sumándose al despojo la venta de La Mesilla en 1854. En total, México fue despojado en cerca de 56 por ciento de su territorio, aproximadamente dos millones y medio de kilómetros cuadrados.
Es un hecho, que los operadores políticos del Congreso estadounidense, o desde posiciones sureñas cometieron su infamia a través de los aventureros políticos o de otro tipo, es decir, soldados de fortuna, traficantes de esclavos, agentes políticos de asuntos indios, agentes diplomáticos como Joel R. Poinsett; hasta los principales sediciosos: Davy Crockett, James Bowie, Samuel Houston, Stephen F. Austin, Lorenzo de Zavala, el resto de los 187 “colonos texanos”, los presidentes, Jackson y Polk, y “colonos” de diferentes razas utilizados como carne de cañón: algunos “extranjeros” y algunos mexicanos desarraigados.
El Álamo y todo lo que implicó, se considera como un complot del gobierno estadounidense, cuyos intereses de los esclavistas y del Congreso de la Unión Americana, se confundieron con los intereses de colonos europeos bien intencionados y no bien intencionados, independientemente de la ineptitud y negligencia del pueblo y gobierno mexicanos.
La “independencia de Tejas” del territorio mexicano, no se puede considerar como tal, toda vez, que no se había establecido la legalidad del asentamiento de colonos, cuando la injerencia del gobierno estadounidense en Tejas era visible al crear Stephen F. Austin un cuerpo de seguridad desde la segunda década del siglo XIX denominado Rangers en el territorio y que en vísperas de la “revolución” de Tejas ya formaba parte del “Estado texano” (1835), supuestamente para entrar a combatir a comanches y apaches, arrinconados por la llegada de los emigrantes europeos, o prácticamente azuzados por los gobiernos y pueblo de la Unión, desde 1799 y hasta 1848 tipificadas como tentativas de despojo, agravios, invasiones y agresiones contra México, cuyas incursiones inducidas de nómadas, eran parte de la política de conquista territorial de EU.
A todo vapor se constituye en “República de Texas” y bastaron sólo nueve años de “vida independiente”, para “anexarse” a Estados Unidos en 1845, esperando de sus hermanos blancos de Tennessee la “línea política emancipadora”, conjuntamente con la provocación montada por Polk.
Con antelación los invasores, haciéndose pasar por “colonos texanos” el día 2 de marzo de 1836, más precisamente, 58 delegados en una Convención antimexicana, firman una declaratoria proclamando la “separación y autonomía de Tejas”, curiosamente redactada por un “convencionista” de apellido Childres, no texano, sino de Tennesse, y curiosamente también amigo personal del presidente Jackson. Más adelante, el 10 de mayo de ese mismo año “eligen” a su “presidente y vicepresidente de la República de Texas”: David G. Burnett y Lorenzo de Zavala, respectivamente.
De los 58 firmantes de esa declaratoria, sólo dos eran originarios de Tejas: José Antonio Navarro y Francisco Ruiz; un yucateco, Lorenzo de Zavala; cinco extranjeros: un inglés, un canadiense, un español, un irlandés y un escocés; once de las Carolinas, y los restantes 39 eran ciudadanos de las entidades del sur de Estados Unidos. El 86.2% de los “representantes texanos”, no eran tejanos, sino estadounidenses.
El complot orquestado desde un principio por aventureros políticos y de otro tipo, fue llevado a buen fin por las siguientes causas: la masiva inmigración de europeos; la voracidad de un esclavista como Thomas Jefferson para hacer un país transcontinental; la voracidad de los políticos confederados por expandir sus plantaciones de esclavos; la paradoja histórica de estas dos posiciones al interior de Estados Unidos, cuando la primera obedecía al crecimiento de las fuerzas productivas, mientras que la segunda era una traba para el desarrollo capitalista, significó la implosión de la guerra de Secesión, derivada del propio despojo de Tejas y de la inmolación que impuso Abraham Lincoln a su pueblo; la intensa actividad, así mismo, injerencia de los agentes del Congreso estadounidense en territorio mexicano; y de los intereses, y desde luego injerencia de los esclavistas sureños.
La exportación de todo el proceso político por parte de aventureros sin escrúpulos como Crockett del Consensus Originalis de la Constitución de Estados Unidos, cuyo papel político de dar alternativa a ciudadanos de otros países, sobre todo de Europa, necesitaban de colonos civilizados, tanto como precoces polleros - pioneros como Austin, Crockett y todos sus compañeros de ruta, para comprometer de una vez al Congreso de Estados Unidos.
Todos los aventureros políticos, es evidente, jugaron un doble papel; por un lado, como ciudadanos estadounidenses, con todo lo que implican sus derechos y deberes, además, durante décadas, vivieron de la dieta del Congreso, cuyas prerrogativas salían del estado de Tennessee; por otro, y a la vez ambivalente, tenían la libertad de canalizar todas sus prerrogativas y sus esfuerzos como agentes del Estado norteamericano, para exportar su revolución de independencia más allá de la frontera, y convertirse en “libertadores” de unos colonos de dudosa fidelidad hacia México, para hacer patria en la provincia Tejana. “La República de Texas” fue de facto por la intriga de aventureros como puede constatar la historia universal.
Evidentemente también, es un hecho que los territorios despojados, se encontraban en la mira de los ingleses y de sus descendientes, como ya lo decía Alexis de Tocqeville: las líneas trazadas o no en Tratados no los detendría, independientemente de la compra de la Luisiana, o a causa de ello quizá, porque consideraban la frontera más allá de los ríos Sabina y Arkansas. La voracidad de los angloamericanos no tenía límites, porque encontraron o inventaron el pretexto que faltaba: todo el territorio de Tejas formaba parte de la Luisiana.
Incluso, previo a la independencia de Estados Unidos, sus padres fundadores ya perfilaban el “destino manifiesto” de Norteamérica, no importando, quienes fueran los “otros”, aquellos pobladores del sur de América, tan diferentes a ellos, es decir a los angloamericanos, y no obstante, el cabildeo tan magistral que hiciera Don Luis de Onís para defender la última frontera de la Corona Española ante los expansionistas de allende el río Sabina, treinta años después se apoderarían de ella.
Tan colosal mentira e infamia, es de la misma magnitud al silencio mostrado por la diputación mexicana, cuando el 7 de mayo de 1848, el Presidente de México, Manuel de la Peña y Peña, leyó el Mensaje que Polk dirigiera a sus conciudadanos, al citar el valor de los territorios despojados, manejados en el discurso como una adquisición, y tan grande es la sumisión de legisladores y presidente al no defender la soberanía de la República, incluso para conjugar el verbo ceder, en lugar de usar el de despojar.
El despojo de tan inmenso territorio, es similar en tamaño, al despojo de esa parte de su historia. La frontera tejana y su historia, así como del otro territorio de la frontera septentrional de México: la Alta California y su historia, forman parte desde un principio de la historia de México, lo que hace del contexto continental y mundial hoy en día, un aspecto importante de la historia internacional no acabada, cuyo análisis de esa frontera olvidada del noroeste de México entre 1769 y 1846, reviste importancia histórica y geoestratégica porque es imperativo rescatar la memoria de esa historia olvidada, para desagraviar las colosales mentiras de la historiografía estadounidense, ante un Tribunal de la historia con la verdad.
México, D. F., 21 de abril de 2004
Artículo para El Factor, órgano de Nueva Sociedad
Andrés Bonilla