EL LAICISMO EN LA EDUCACIÓN MEXICANA

 

El principio del laicismo educativo encierra valores fundamentales como libertad de conciencia, de ideas, de expresión, de información, de creencias religiosas, de tolerancia y demás valores y principios vinculados.

 

El laicismo educativo se ha vuelto una idea para la confrontación en México, ya que se le han  dado interpretaciones que no siempre son pacíficas o se le ha concebido más en forma ideológica o maniquea conforme a determinados intereses políticos, religiosos, económicos, culturales o sociales distintos a lo que es la esencia en sí del término y de la razón histórica por la que se estableció.

 

La palabra laico proviene del latín laicus, que a su vez deriva del griego laixós, que significa “popular”. Su uso actual parte de la baja edad media, en cuanto a que se dice que un lego es aquella persona que no tiene órdenes clericales;  en cuanto al tema que nos ocupa, por laicismo educativo entenderemos que es la educación, enseñanza, instrucción, escuela o enseñanza en la que se prescinde de la instrucciones religiosa.

 

La historia en nuestro país de la educación con los aspectos religiosos ha sido muy controvertida. En la educación precauauhtémica, con el Calmecac y el Telpochcalli, existía una enseñanza religiosa, politeísta, que incluso podía llegar a un fanatismo, en el Calmecac los temachtiani preparaban a las clases dirigentes, dentro de las que sobresalían los ministros religiosos o sacerdotes (hoy tergiversados en chaman o markame y demás denominaciones)

 

La conquista, autorizada por Alejandro VI a través de la Bula Inter Caetera, “otorga” los dominios de América a España y Portugal, a cambio de la evangelización de los autóctonos; lo cual enfrentó el Padre Fray Francisco de Vitoria y Bartolomé de las Casas, entre otros. De aquí que una parte del clero católico en México se haya destacado por su activismo no sólo en cuanto a los aspectos meramente religiosos.

 

La época colonial tuvo en marcado acento religioso. España y el Vaticano, como hoy, tenían excelentes relaciones y su cooperación era muy amplia, por tanto, prácticamente toda la enseñanza que se impartía en la Nueva España era por religiosos o tenia tintes o alguna ingerencia de misioneros, monjas, sacerdotes católicos o personas vinculadas directa o indirectamente a la iglesia católica, pudiendo afirmar que había un monopolio religiosos de la educación en todos los niveles. La Compañía de Jesús trató de educar o instruir a los autóctonos, proceso que se rompe por su expulsión de los dominios españoles por Carlos III (1767), por tanto, la educación fue clasista, para españoles peninsulares, menos a criollos y sólo a los varones; se considera que en estos años las personas ilustradas eran cerca del 3% del total de la población (de cinco a seis millones de habitantes)

 

En el siglo XIX, Morelos impulsa las ideas de libertad y de igualdad ya que sólo debía distinguir a un Americano Mexicano de otro, el vicio y la virtud, se introduce la escuela lancasteriana y se trata, con las ideas de José María Luis Mora y Valentín Gómez Farías, de secularizar la educación en México desde 1833, después lo intentó Juárez, durante la reforma, lo cual no se cristalizó, y el último intento es con la Constitución vigente de 1917.

 

Lamentablemente, los intentos de separar la educación de influencias o contenidos religiosos ha sido violenta, así, podríamos citar la propia conquista, la labor de los jesuitas, la participación de las logias masónicas en México, el proceso de reforma en México (1833-1872), la revolución mexicana y las dos décadas del 1920 al 1940, donde resalta la “Ley Calles” y la guerra, rebelión o revolución cristera, de manera fundamental. Sin dejar de reconocer que en conflictos de comunidades atóctonas, v. gr. caso Chiapas, existen también conflictos de orden religioso (católicos versus evangelistas)

 

Otro aspecto que ha agravado la cuestión, son la intolerancia, el radicalismo y los extremos.  No hemos aprehendido a conciliar intereses y a tratar de mediar, de matizar, de tolerar de hacer posible, dentro de ciertos márgenes razonables la convivencia y coexistencia pacífica de actores e intereses encontrados; por tanto, cuando llegan personajes religiosos o por ellos impulsados al poder, se radicalizan, cuando llegan “comecuras” , masones o “ateos por la gracia de Dios” al poder, también aplican políticas extremistas, recordemos la reforma de Cárdenas en 1934 al artículo tercero de la Constitución de México.

 

Entonces, las oscilaciones radicales en el poder afectan las políticas educativas, y lo que es más grave, no existe un proyecto nacional , mucho menos un proyecto educativo, sólo existe el gran proyecto del artículo tercero constitucional, el cual no se ha aplicado.

 

Asimismo, una vez realizado el pacto estado-iglesia en 1930, con Portes Gil, existen “reglas no escritas”, como tantas que tenemos y dan origen a la anarquía, discrecionalidad, dobles lenguajes y demás obstáculos que identifiquen de manera clara cuáles son nuestros valores y principios en lo general y de ahí, en forma especifica, se fomenten, consoliden y proyecten dentro de los programas educativos. (José de Jesús Covarrubias Dueñas. CAMPESINOS DE MÉXICO POR LA DEMOCRACIA).