ERRORES Y PELIGROS DEL ESTADO LAICO

 

Analizar en qué consiste hoy el Estado Laico reviste gran importancia ante la revitalización de grupos fundamentalistas que pretenden disminuir las libertades de las y los ciudadanos. Sobre este tema, la red Modemmujer (www.modemmujer.org/docs/18.50.doc) distribuyó el 23 de marzo un artículo de Roberto Blancarte titulado El por qué del Estado laico. El autor es coordinador académico del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México e investigador del Grupo de Sociología de Religiones y de la Laicidad , de la École Pratique des Hautes Études de la Sorbona, París. Aquí un resumen:

 

 

 

Definir la laicidad como un proceso de transición de formas de legitimidad sagradas a formas democráticas basadas en la voluntad popular, nos permite comprender que ésta, la laicidad, no es estrictamente lo mismo que la separación Estado-Iglesias. De hecho, existen muchos Estados que no son formalmente laicos, pero establecen políticas públicas ajenas a la normativa doctrinal de las Iglesias y sustentan su legitimidad más en la soberanía popular que en cualquier forma de consagración eclesiástica.

 

 

 

Las Leyes de Reforma, en México, separaron, como se decía en aquella época, los negocios eclesiásticos de los negocios del Estado. Pero, sobre todo, constituyeron instituciones esenciales para cualquier Estado laico, es decir, independientes de las instituciones eclesiásticas. A partir de ese momento, se podía ser mexicano gracias al Registro Civil, sin tener que ser católico o de cualquier otra religión. Y se podía contraer matrimonio y ser sepultado, es decir, atravesar por los ritos principales en la vida y muerte de un ser humano, simplemente por el hecho de ser ciudadano del país, sin tener que estar adscrito a una Iglesia y sin que el elemento religioso fuese el decisivo para el ejercicio de sus derechos.

 

 

 

El Estado laico y los derechos sexuales y reproductivos están ligados intrínsecamente por diversas razones. La principal es por la obligación del Estado moderno de preservar la libertad de conciencia frente a cualquier amenaza que atente contra ella. Esta obligación surge de la convicción de que nadie puede ser obligado a creer en algo por la fuerza, siendo entonces necesario respetar las creencias de cada quien.

 

 

 

La ciudadanía tiene la obligación de recordar permanentemente, a legisladores y funcionarios públicos, que su papel no es el de imponer políticas públicas a partir de sus creencias personales, sino el de llevar a cabo sus funciones de acuerdo con el interés público, definido por la voluntad popular mayoritaria, sin excluir los derechos de las minorías. Por este conjunto de razones se vuelve evidente que la defensa del Estado laico es central para la defensa de las libertades civiles y, dentro de éstas, de los derechos sexuales y reproductivos.

 

 

 

Los dos grandes errores y peligros que se requiere evitar en un Estado laico-democrático son: la tentación de usar lo religioso para buscar legitimidad política, ya que esto mina la verdadera fuente de autoridad del Estado laico, que es el pueblo; y la tentación de algunos políticos de ser usados para cumplir los fines socio-políticos de las dirigencias de agrupaciones religiosas. Sobre todo porque éstas, generalmente, ni siquiera expresan la voluntad de sus feligreses. (Contribución de Laura Asturias, Guatemala).

 

Frente por el Fortalecimiento de la Cultura Laica