LIBERTAD Y NECESIDAD
Cuando los seres humanos hablamos de la libertad no siempre tenemos de ella las mismas nociones. Tras lo que consideramos como libertades de pensamiento, de expresión o de acción, pueden suponerse motivos, razonamientos y voluntades. Tal vez, incluso, la libertad no sea en esencia sino la manifestación de las necesidades humanas. El tema es muy complejo e incluso provocador como cuando lo aborda el filósofo alemán Arthur Schopenhauer en su libro La Libertad (Ediciones Coyoacán, 2001), tal como lo muestran los siguientes fragmentos:
No dejaré de examinar la diferencia que en la misma motivación constituye la excelencia del entendimiento humano relativamente al de otro animal cualquiera. Esta excelencia, designada razón, consiste en que el ser humano no sólo es capaz, como el animal, de percibir por los sentidos el mundo exterior, sino que además sabe, por la abstracción, sacar de ese espectáculo nociones generales, que designa con palabras, para poderlas fijar y conservar en su espíritu.
Gracias al pensamiento pueden realizarse las grandes ventajas de la raza humana sobre todas las demás, a través del lenguaje, la reflexión, la memoria de lo pasado, la previsión del porvenir, la intención, la actividad común y metódica de numerosas inteligencias, la sociedad política, las ciencias, las artes, etc.
El ser humano, gracias a su capacidad para formar representaciones no sensibles, mediante las cuales piensa y reflexiona, domina un horizonte infinitamente más extenso, que abarca los objetos ausentes lo mismo que los presentes, lo porvenir como el pasado; ofrece una superficie mucho mayor a los motivos exteriores, y por lo tanto, puede ejercer su elección entre mucho mayor número de objetos que el animal, cuyas miradas no traspasan los estrechos límites de lo presente. En general, lo inmediatamente presente en el espacio y en el tiempo a su percepción sensible no es lo que determina sus acciones; suelen ser más bien los pensamientos que lleva consigo a todas partes en su cerebro, y que pueden sustraerlo de la acción inmediata y fatal de la realidad presente.
Todos los motivos son causas y toda causalidad entraña necesidad…el ser humano, por su facultad de pensar, puede evocar ante su espíritu, en el orden que le plazca, los motivos cuya influencia pesa sobre él, para colocarlos sucesivamente ante el tribunal de su voluntad: en eso consiste la voluntad. El ser humano es capaza de deliberación y en virtud de esa facultad puede elegir entre diversos actos posibles, con más facilidad que el animal. Hay para él en eso una libertad relativa, porque se hace independiente de la coacción inmediata de los objetos presentes…Esta libertad relativa no es más que libre albedrío…No hace más que modificar la manera de ejercerse la motivación, pero la necesidad de la acción no se suspende, ni siquiera disminuye.
No puede hacer el ser humano lo que cree que está en su mano más que cuando a ello le determinan motivos particulares. Hasta que intervenga una causa, no le es posible ningún acto; pero cuando obran éstas sobre él, debe, lo mismo que el agua, hacer lo que exijan las circunstancias correspondientes al caso…Todo ser, sea de la especie que fuese, obrará siempre según la influencia de las causas que lo soliciten, conforme a su naturaleza individual…¿Qué sería del mundo si no fuera la necesidad el hilo conductor que pasa por todas las cosas y que las une, si no presidiera esa necesidad sobre todo a la producción de los individuos?
Frente por la Cultura Laica