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ANÁLISIS DE LA COYUNTURA EN MÉXICO (13 De julio de 2006) La economía mexicana ha resistido sin grandes turbulencias los días de incertidumbre política suscitados desde el pasado 2 de julio. La falta de definición oficial sobre quién será el próximo Presidente de la República no parece ser para los analistas y actores económicos un obstáculo difícil de sortear para mantener la estabilidad macroeconómica, por lo menos en el corto plazo ya que a mediano, mucho va a depender del papel que juegue el TRIFE en la calificación de la elección presidencial y, dependiendo de esto, de la actitud asumida por el PRD y aliados en defensa del voto popular. Uno de los elementos que mejor valoran como garante de estabilidad es el monto de las reservas internacionales del Banco de México -ubicadas hasta la semana pasada (1er semana de julio) en 78 mil 743 millones de dólares-, lo que es suficiente para contener cualquier corrida contra el peso o una súbita fuga de capitales de inversionistas que pudieran ponerse nerviosos La macroeconomía ha sido cuidada y fortalecida en los últimos años, precisamente para resistir cualquier vaivén político o social. Inflación controlada, equilibrio en el déficit público y reservas históricas de divisas en el Banco de México son, entre otros, instrumentos útiles para ese blindaje económico. Finanzas públicas sanas que no se reflejan en los bolsillos de los trabajadores, podrán soportar la incertidumbre política, pero no servirán de mucho a un país lleno de rezagos y exigencias que deben ser cumplidas cuanto antes. Esta situación macroeconómica se encuentra en medio de un país con alto índices de desigualdad social, desempleo, bajos salarios, falta de oportunidades de desarrollo profesional y económico y, además, con un pueblo cada vez más conciente y participativo. La desigualdad económica México ocupa el décimo primer lugar entre los países con la peor distribución del ingreso entre las naciones del orbe. Un 10 por ciento de las familias que habitan en territorio nacional reciben el 36 por ciento de la riqueza del país, mientras que más de la mitad de la población viven en la pobreza. México sólo es superado en desigualdad por Guatemala, Chile, Brasil, Nicaragua, Panamá, El Salvador, Argentina, Perú, Madagascar, Filipinas y Rusia. Esta información es resultado de encuestas de ingresos y gastos de los países del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. En la actualidad, se acepta que uno de cada dos mexicanos vive en condiciones de pobreza pero, hay que hacer notar que las diferencias no radican sólo en el nivel de ingresos ya que una persona pobre no es solamente un ciudadano carente de dinero, es mucho más que eso, es un ciudadano afectado en sus condiciones materiales, sociales, políticas y hasta psicológicas. De acuerdo con estimaciones oficiales recientes, la pobreza afecta a 40 millones de mexicanos, 27 de los cuales sobrevive en condiciones de pobreza extrema; otros datos indican que el número de pobres pasó de 61.7 millones en 1994 a 72.2 millones en 1996. El porcentaje de hombres que gana menos de un salario mínimo mensual, equivalente a mil 127 pesos, es de 15.7 por ciento, contra el 21.5 por ciento de mujeres, según cifras del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres 2003).
Mientras que el porcentaje de hombres y mujeres que ganan de uno a dos salarios mínimos mensuales representa 25.7 y 28.6 por ciento, respectivamente; de dos a tres salarios mínimos es de 19.9 por ciento y 15.2 por ciento de las mujeres ocupadas; 16.4 por ciento y 11.8 por ciento recibe de tres y hasta cinco salarios mínimos; y con ingresos superiores a los cinco salarios están 11.8 y 7.4, respectivamente. Las mujeres ocupadas que no reciben ingresos por su trabajo son 13 de cada 100, en tanto que siete de cada 100 hombres se encuentran en esa situación. La desigualdad social, no es condena divina ni destino manifiesto, es producto de las políticas neoliberales de los últimos gobiernos, las cuales han sido promovidas, aplicadas y aceptadas por la burocracia gobernante con la complacencia y bendición de los centros financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Las condiciones de deterioro económico en la ciudad y el campo, se ha venido a agudizar desde la entrada en vigor del TLC, el cual nos ha impedido ver hacia el desarrollo interno ya que nuestro país se ha convertido en un centro maquilador que solo ve hacia el norte o al sector exportador. Los efectos de una apertura comercial indiscriminada han traído como consecuencia abandono en el campo, desempleo, bajos salarios y toda una serie de problemas sociales que, bajo el actual modelo de desarrollo, son difíciles de resolver. Elección competida, pero con resultados electorales manipulados Sirva el anterior preámbulo para ubicar el contexto en que se encuentra una elección como nunca antes competida en México, solo para ilustrar el nivel de competencia, baste los siguientes datos: Para la presidencia de la República, Felipe Calderón Hinojosa recibió 15 millones 284 sufragios (en México y desde el extranjero), equivalente a 35.89% de la votación total. El candidato de la coalición Por el Bien de Todos (PRD, PT y Convergencia), Andrés Manuel López Obrador, obtuvo 14 millones 756 mil 350, equivalente al 35.31% de la votación total, y el candidato de la Alianza por México (PRI y PVEM), Roberto Madrazo Pintado, 9 millones 301 mil 441 votos, 22.26%. La candidata de Alternativa Socialdemócrata y Campesina (PASC), Patricia Mercado, en tanto, un millón 128 mil 850 sufragios, equivalentes a 2.70% de la votación total. Mientras, el candidato del Partido Nueva Alianza (Panal), Roberto Campa Cifrián, obtuvo 401 mil 804 votos, 0.96% de la votación total. La votación total cuantificada ascendió a 41 millones 791 mil 322 votos, es decir, el 58.61% de los 71 millones 300 mil electores registrados en la Lista Nominal. De ese total, 297 mil 989 votos (0.71%) fueron para candidatos no registrados; 904 mil 604 sufragios (2.16%) se etiquetaron como nulos. En la votación para senadores de representación proporcional, el PAN obtuvo 14 millones 43 mil 213 votos (33.63 por ciento de la votación); coalición Por el Bien de Todos (PRD, PC y PT), 12 millones 403 mil 241 (29.70); Alianza por México (PRI-PVEM), 11 millones 689 mil 110 votos (27.99); Nueva Alianza, un millón 689 mil 99 (4.04), y Alternativa, 796 mil 102 (1.91). En la elección de diputados de representación proporcional: PAN, 12 millones 876 mil 499 votos (33.41 por ciento); coalición Por el Bien de Todos, 12 millones 40 mil 698 votos (28.99 por ciento); Alianza por México, 11 millones 704 mil 639 votos (28.18); Nueva Alianza, un millón 887 mil 667 (4.55 por ciento), y Alternativa, 852 mil 849 (2.05 por ciento). En la próxima legislatura el PAN ocupará 206 lugares en la Cámara de Diputados; la coalición Por el Bien de Todos (PRD, PT y Convergencia) 160, y la Alianza por México (PRI y PVEM), 121. Los partidos emergentes, Nueva Alianza (Panal) y Alternativa Socialdemócrata y Campesina (PASC), alcanzaron nueve y cuatro asientos, respectivamente. En la elección de senadores, el PAN acumuló 52 escaños, 32 de mayoría relativa, nueve de primera minoría y 11 de representación proporcional; la coalición, 36 (22 de mayoría relativa, cuatro de primera minoría y 10 de representación proporcional), y la Alianza por México tendría 39 senadores (10 de mayoría relativa, 19 de primera minoría y 10 de representación proporcional). El Panal ganó un escaño. Con relación al cómputo de la elección para senadores por mayoría relativa, el PAN obtuvo 13 millones 896 mil 686 votos (33.54 por ciento); coalición Por el Bien de Todos, 12 millones 298 mil 745 (29.69); Alianza por México, 11 millones 629 mil 727 votos (28.07 por ciento); Nueva Alianza, un millón 677 mil 934 (4.05 por ciento), y Alternativa 787 mil 797 (1.90 por ciento). En cuanto a los diputados de mayoría relativa, la votación quedó: PAN 13 millones 784 mil 935 votos (33.39 por ciento); Por el bien de Todos, 11 millones 969 mil 49 (28.99 por ciento); Alianza por México, 11 millones 647 mil 697, 28.21 por ciento; Nueva Alianza, un millón 876 mil 443 (4.54 por ciento), y Alternativa, 847 mil 599 (2.05 por ciento). Existen sobradas razones para sostener que los resultados que se conocen a la fecha no mantienen los niveles básicos de legitimidad. Por una parte, los números nos indican que el ganador lo será por el sufragio de una quinta parte de los ciudadanos con posibilidades de votar, es decir, un 20 por ciento está a su favor, mientras que el restante 80 por ciento o no votó o lo hizo por otras opciones. También encontramos que el margen que hasta ahora conocemos de 243 mil 934 votos a favor del ganador impide manifestaciones de victoria como las que hemos visto (35.89 por ciento contra 35.31 por ciento). No estamos en el caso de que los datos que conocemos reflejen una ventaja consistente y fuera de toda duda: Tenemos en la geografía electoral un país dividido en dos. Por si fuera poco, la futura composición del Congreso de la Unión anuncia una nueva confrontación en la cual las principales fuerzas políticas se preparan para nulificarse en la acción de gobierno y legislación. El nivel de confrontación en esta primera semana postelectoral, no aporta un mínimo de acercamiento u opciones de negociación. No hay condiciones ni disposición para tal acercamiento. La legitimidad se encuentra sujeta a profundos cuestionamientos. La ley, en efecto, se aplicó, pero los resultados, las consecuencias de esa aplicación, no han sido las esperadas para una contienda en donde la prudencia tampoco ha aparecido. Los resultados nos indican una elección competida para la presidencia entre dos fuerzas, mientras que por otro lado, en las elecciones para diputados y senadores, la contienda es de tres fuerzas, aunque con porcentajes diferentes y bien marcados entre el primero, segundo y tercer lugar, manteniendo el PAN un primer lugar sin lugar a discusiones. Es necesario hacer notar que, independientemente de que aun el Tribunal Federal Electoral deba calificar la elección, se ha dado un voto diferenciado ya que para la presidencia, el electorado concentró su votación en dos fuerzas, mientras que para diputados el orden es PAN, Alianza por el Bien de Todos y Alianza por México, mientras que para Senadores el PAN mantiene primer lugar y La Alianza por México se ubica en segundo lugar y relegando al tercero a la Alianza por el Bien de Todos, es decir, se dio un voto diferenciado que posiciona o debilita a los tres partidos mayoritarios. El PRD, avanza notablemente tanto en Senadores como en Diputados, sin embargo, estos resultados no reflejan la cantidad de votos obtenidos por Andrés Manuel López Obrador donde se iguala a Felipe Calderón. Por su parte el PAN Es necesario hacer notar que los resultados electorales conocidos hasta hoy, han estado plagados de irregularidades, por lo menos, han dejado la sensación de haber estado manipulados por el árbitro electoral (IFE). Un primer manipuleo se dio en el tristemente célebre PREP (Programa de Resultados Preliminares). Preguntas como el por qué no se informó de la tendencia el 2 de julio a las 11:00 P.M. como se tenía anunciado. Otra manipulación fue el Conteo Rápido que el IFE puso en Internet, la duda surge después de conocer el comportamiento del Cómputo de las Actas Distritales. Es decir, por que en el Conteo Rápido, Felipe Calderón mantiene siempre mínima ventaja sobre Andrés Manuel López Obrador, mientras que en el Cómputo de Actas Distritales es Andrés Manuel el que mantiene por más de 20 horas una ventaja que se pierde en las últimas horas del conteo. Por qué se ocultaron los resultados de más de 2500 casillas durante el conteo rápido y por qué dan a conocer la votación de dichas actas solo cuando Andrés Manuel las denuncia, y preocupa más cuando que ahí habían más votos a favor de Andrés Manuel que de los otros candidatos. Las sospechas del manipuleo del PREP, del Conteo Rápido y del cómputo de las actas distritales tienen también su antecedente en la supuesta participación del “cuñado incómodo” en el diseño del software que se utilizó en el IFE, en la posibilidad de manipulación de los resultados a través de un algoritmo matemático o simplemente a través de una mala captura de los datos registrados en las actas electorales. Los resultados electorales no solo fueron manipulados cibernéticamente, también fueron alterados en los conteos por casilla y, desde antes, por medio de una campaña inequitativa, sucia, manipuladora y apoyada por todos los programas sociales del gobierno federal para influir, políticamente, en los sectores más marginados de la sociedad. El IFE, árbitro parcial y al servicio de la derecha El prestigio ganado por los anteriores Consejeros Electorales del IFE, fue revertido por los actuales. Han demostrado lealtad a los partidos que los apoyaron para llegar a dichos cargos: recordemos que fueron electos en alianza entre PRI y PAN. Son varios indicadores de la parcialidad con que actuaron: Cuando se hicieron a un lado de la campaña sucia contra Andrés Manuel; la tibieza con que sancionaban al PAN cuando éste violaba la ley (p.e. el caso de las declaraciones del derechista español, José María Aznar apoyando al candidato panista); el poco interés mostrado para apoyar la integración de las Mesas Directivas de Casilla y su capacitación en los Comités Distritales; la manipulación de los resultados electorales y el proclamar ganador a Felipe Calderón cuando el IFE no es la autoridad con dichas atribuciones. Asimismo, es necesario hacer notar su negativa a abrir los paquetes electorales en el conteo de actas para contar voto por voto. El IFE, institución necesaria e importante en los procesos electorales, está desacreditada y difícilmente se le va a creer en el futuro, las pruebas de un fraude electoral orquestado por el mismo IFE y gobierno federal, cada vez más lo hunden en ese descrédito. Más aun cuando que a cada denuncia pública que hace la Alianza Por el Bien de Todos, salen personeros del propio IFE a tratar de desmentir las pruebas del fraude electoral. La nación ante dos proyectos. La campaña electoral fue el enfrentamiento de dos proyectos de nación: por un lado el que está en boga, el neoliberal, que viene aplicándose desde hace más de 20 años, caracterizado por la apertura económica a través del Tratado de Libre Comercio, control de la inflación, privatización de la seguridad social, de la educación y de todas aquellas actividades económicas en donde el Estado tiene ingerencia. Este proyecto desdeña la generación de empleos y deja a que las fuerzas del mercado regulen la economía. El PAN y su candidato plantearon claramente su postura: abrir a la iniciativa privada la inversión en la industria energética: PEMEX y electricidad, hoy en manos del Estado; seguir con las actuales políticas macroecnómicas de control de la inflación y del gasto público. Por supuesto, independientemente de los programas sociales a aplicar, seguramente se seguirá fortaleciendo la tendencia a privatizar la seguridad social y la educación. Por otro lado, el proyecto que encabeza Andrés Manuel López Obrador, ha puesto mucho énfasis en la necesidad de atacar las grandes desigualdades sociales aplicando una política social que vea por los sectores más desprotegidos económicamente, en ese sentido, los programas sociales de adultos mayores, discapacitados, madres solteras, entre otros, ejecutados en el D.F. se aplicarían a nivel nacional. Al mismo tiempo, se reactivaría la economía con un programa de obra pública y de inversión en el sector energético para diversificarlo. Otra diferencia con el proyecto neoliberal es que se fortalecería la seguridad social y la educación en México con el objeto de ampliar la cobertura de los servicios médicos y de la educación al 100 por ciento. Se fortalecería la producción en el campo con créditos y se impediría la apertura a nuevos productos agrícolas contenidos en el Tratado de Libre Comercio. Por supuesto, el combate a la corrupción y al saqueo del erario público, sería una de las principales acciones de un gobierno de este perfil. La amenaza contra los grandes intereses creados alrededor del poder público que significa el Proyecto Alternativo de Nación de Andrés Manuel López Obrador, se ha expresado en la santa alianza de los grupos de poder político y económico para atajar el triunfo electoral de este proyecto. El gobierno federa, el alto clero, algunos medios de comunicación, principalmente las televisoras, sectores empresariales vinculados al poder político y beneficiarios del erario público y de los rescates bancarios, la derecha moderada y radical tanto del PRI como del PAN, son los que llevaron a cabo una de las campañas más sucias que se tenga memoria, podemos catalogarla como una campaña de Estado. El fin era cerrarle a toda costa el paso a un cambio real de política económica. Tampoco era un cambio radical revolucionario, de ahí que sectores empresariales nacionales e internacionales manifestaron oportunamente su disposición a colaborar con un eventual gobierno de izquierda en México. La crisis política que viene El proceso postelectoral es una bomba de tiempo. Si se consuma el fraude electoral estaremos entrando en un callejón donde la única salida será una confrontación que puede llegar a la violencia social o por lo menos, a la desobediencia civil. El TRIFE tiene solo tres salidas: 1. Declara vencedor al candidato del PAN, Felipe Calderón Hinojosa. 2. Declara nulas las elecciones. 3. Ordena recontar los votos y darle el triunfo al que gane. Con la primera alternativa, la crisis política afloraría: Las instituciones entrarían en un proceso de incredulidad y debilitamiento, perderían autoridad moral para mediar o resolver los conflictos; tendríamos un gobierno cuestionado legítimamente y por lo tanto no tendría consenso; se integraría un Congreso dividido que no permitiría acuerdos parlamentarios, aunque se integrara una mayoría parlamentaria entre el PRI y PAN, esta mayoría legislaría con poco consenso; El sistema de partidos está tridimensionado y se presentaría de la siguiente manera: EL PAN, aunque en el gobierno, entra con muy poco capital político, con un 35 por ciento de la votación debe hacer todo lo posible por jalarse a la parte neoliberal del PRI. Por su parte, éste partido, si no realiza urgentemente su refundación, en un futuro no muy lejano se verá dividido no solo como partido sino a nivel parlamentario. Si en el partido aun convergen el proyecto neoliberal y el nacionalismo revolucionario, tarde o temprano estas disyuntivas se tendrán que definir en los escenarios políticos. En fin, el ponerle la faja presidencial al candidato del PAN se generaría un escenario de confrontación. La segunda opción que, desde mi punto de vista es la más viable, (declara nulas las elecciones) permitiría llevar a cabo una especie de segunda vuelta que permitiría tener a un presidente más legítimo, no importa que la izquierda pierda la elección, es importante que los procesos electorales en México se consoliden. En esta nueva elección se le exigiría al árbitro actuar con verdadera imparcialidad. La tercera opción deberá ser muy transparente, pues es necesario que no solo se cuente voto por voto, sino que éstos deberán asentarse en las actas de tal manera que permitan un buen registro de los votos contados. El TRIFE tiene una gran responsabilidad para que, sin presiones de por medio, emita su resolución, la cual deberá estar bien sustentada. De cualquier manera, gane quien gane la elección, esperamos un sexenio de grandes confrontaciones políticas. Seguir con el proyecto neoliberal del PAN y del PRI o llevar a cabo un cambio donde se mire más por los más pobres, es el gran dilema que se nos pone enfrente en esta coyuntura. No es solo una elección más donde solo se cambia de personas, es un cambio de proyecto de nación o la continuidad del actual con todo lo que esto implicaría: más de lo mismo. Ahora bien, hay que reconocer que ninguno de los dos proyectos tiene visos de ser un proyecto hegemónico, todo lo contrario, los dos son polarizantes y ha polarizado a la sociedad, por eso, cualquier proyecto que se aplique, deberá ser incluyente o para decirlo más directamente, deberá asumir aquellas propuestas del adversario que le permitan incorporar al programa de gobierno a los sectores que no se siente identificados con dicho gobierno. La perspectiva del movimiento Para la lucha postelectoral de la izquierda, es necesario aprovechar la efervescencia política y las grandes expectativas que ha creado el movimiento por un proyecto alternativo de nación. En el han convergido intelectuales, personalidades políticas, organizaciones sociales, sindicatos, organizaciones campesinas, movimientos cívicos, organizaciones no gubernamentales, jóvenes organizados y no organizados, en fin, es todo un espectro social en el que ya no sólo es el PRD. Este amplio espectro sociopolítico, deberá definir sus tareas a corto y mediano plazo, pero tiene que ser convocado para tal propósito ya que hay muchos temas que definir, por ejemplo, es necesario profundizar en el Proyecto de Nación ya que fue obvio que éste no tiene posibilidades de convertirse en hegemónico, es decir, que reúna un amplio consenso social que le permita no solo ganar la guerra mediática sino imponerse mediante una amplia movilización que involucre a todos los sectores sociales, es decir, están dadas las condiciones para crear un Amplio Frente que luche por: 1. Respeto a la legalidad 2. Reforma del estado 3. Nueva política económica que vea por los más pobres 4. Combate a la inseguridad 5. Nuevo Pacto Social 6. Combate a la corrupción Para las fuerzas políticas progresistas, ver el resultado electoral en términos de viabilidad programática haría de la coyuntura y la crisis el escenario inmejorable para la reforma y la refundación de la República, haciendo valer el 35 por ciento de la votación para la reforma del Estado, formas de integración de gobierno, ciudadanización electoral, reforma educativa y fiscal, sistema de salud y pensiones, reforma agraria integral, sistema financiero, valor del trabajo y poder adquisitivo de los salarios. Hacer valer el sentido por el cual votó ese 35 por ciento, es una realidad, de la que no podrían excluirse sin hacer valer los objetivos programáticos y no sólo electorales. El interlocutor, por tanto, no es el Tribunal Federal Electoral (TEPJF), sino todas las fuerzas políticas, sociales y económicas del país, al tiempo que obliga a establecer alianzas de contenido. Es el momento de pensar con madurez política, haciendo valer la fuerza de todo el espectro político que apoyó a López Obrador, y la debilidad del “ganador” en el aspecto programático y no permitir que el panismo, con su pírrico 0.58 por ciento, en alianza con los gobernadores priístas y con todo el erario público en el bolsillo, se quede solo gobernando e imponiendo la reforma con un contenido neoliberal. Es hora de ir más allá de exigir el respeto al voto, es necesario levantar y luchar por sacar adelante un programa de reivindicaciones sociales, económicas y políticas. Es necesario remontar el oportunismo, el personalismo y el pragmatismo, convocando a defender la trinchera del arte y la cultura, salarios justos, economía interna, distribución del ingreso, campo, democratización del sistema político electoral, presupuesto para ciencia y tecnología. Es momento de abrir miles de alianzas y cohesionar. La lucha por el respeto a la voluntad popular va más allá de López Obrador, el PRD y los partidos que con él se coaligaron: hoy es un frente amplio que no impone ni exige militancias partidistas, pero sí una gran disposición para asumir compromisos más allá de la lucha por defender el voto. Al mismo tiempo, el PRD debe asumir una gran disposición para, incluso, desaparecer como proyecto político y dar paso a una nueva organización política que deseche todos sus vicios antidemocráticos. El capital político logrado por Andrés Manuel López Obrador, no debe ser monopolizado por el PRD, ya que éste partido arrastra un desprestigio por actos de corrupción y por practicar métodos antidemocráticos en la toma de decisiones. Carece de una vida institucional en donde tantos las corrientes como las personalidades son las que deciden y se reparten los cotos de poder. Como funciona actualmente el partido, la militancia no cuenta.
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