MARTINEZ VERDUGO, ARNOLDO

PRESIDIUM DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA MEXICANO

DECLARACIÓN DEL PARTIDO COMUNISTA MEXICANO, el 28 de julio de 1968.

NUEVA PROVOCACIÓN CONTRA LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA

En: Historia y Sociedad, No. 12 III Año

Fechado el 28 de julio de 1968.

México, Abril – Junio de 1968.

 

Ante la opinión pública mexicana e internacional se ha planteado por tercera vez en el curso de este año la acusación contra el Partido Comunista Mexicano de atentar contra el orden público y preparar las más fantásticas conjuras.

 

Las “pruebas” que en esta ocasión se muestran al público no pueden ser más impresionantes: combates callejeros entre policías y estudiantes durante varias horas, escaparates destrozados, más de 500 heridos, cientos de encarcelados, allanamientos de moradas, espectaculares cateos de las oficinas del PCM y de los talleres de su periódico, amén de patéticas acusaciones contra los “agitadores profesionales” que infiltrándose en la masa estudiantil la conducen a los peores excesos.

 

Durante el mes de mayo, pocos días después de que el presidente de la República recibiera al Presídium  del Comité Central del Partido Comunista Mexicano el polizonte norteamericano Edgar Hoover, jefe del FBI, hizo distribuir en el país y en el extranjero la burda especie de que los comunistas mexicanos procedían al acopio de armas para lanzarse a una rebelión; la opinión pública  mexicana entendió el sentido de este infundio y se burló del descrépito espía.

 

Un poco antes, en febrero del año actual, durante los días en que se desarrollaba la Marcha Estudiantil por la Ruta de la Libertad, funcionarios policíacos lanzaron públicamente la calumnia de que un accidente ferroviario normal era obra de un sabotaje de los comunistas mexicanos.

 

Los intentos de febrero y mayo fracasaron estrepitosamente. Y, ahora, se monta una nueva provocación, más espectacular que las anteriores, pero de la misma factura macartista.

 

Las acusaciones de febrero, de mayo y la reciente del día 26 de julio son eslabones de la misma cadena. Constituyen partes de un plan premeditado, representan una provocación de carácter político con el objeto directo de agredir a la única fuerza de oposición consecuentemente antiimperialista y revolucionaria, que actúa en nuestro país. Se trata de impedir que esta agrupación de mexicanos ejerza los derechos que nuestras leyes otorgan a todos los ciudadanos.

 

Pero no sólo de eso se trata. Se trata igualmente de carcomer aún más el ambiente político nacional; de mantener un clima de persecución, de cacería de brujas, de inhibir la acción popular amedrentando a las masas con el fantasma de la “anarquía y el desorden comunista”; de represión antidemocrática, que va dirigida contra todas a fuerzas progresistas del país y no sólo contra los comunistas.

 

Toda la experiencia histórica demuestra que la creación de un ambiente de histeria anticomunista sirve sólo de pretexto para una mayor penetración del imperialismo norteamericano en la vida política, interna y para justificar las pretensiones antipatrióticas de los sectores ultraderechistas, que actúan al amparo del totalitarismo policiaco.

 

La agresión policiaca del 26 de julio fue debidamente preparada como parte de una provocación política. Ante el fracaso de los intentos de febrero y mayo se trataba ahora de provocar un incidente de grandes, proporciones que justificara los designios del imperialismo y de los grupos reaccionarios del gobierno.

 

Los hechos son evidentes:

 

1º El 23 de julio, miembros del Cuerpo de Granaderos allanaron el recinto de la Escuela Vocacional de Ciencias Sociales del Instituto Politécnico Nacional y golpearon salvajemente a maestros, empleados y alumnos del plantel.

 

2º El 26 de julio, en señal de protesta por los hechos anteriores y en demanda de la destitución de los fejes de la Policía Preventiva del Distrito Federal, Luis Cueto Ramírez y Raúl Mendiolea Cerecero, estudiantes de diversas escuelas del Instituto Politécnico Nacional organizaron una manifestación por las calles de la ciudad de México.

 

3º El mismo día, en conmemoración del XV Aniversario del asalto al Cuartel del Moncada, la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED) y las sociedades de alumnos de diversas escuelas del Politécnico y la Universidad organizaron una manifestación y un mitin.

 

4º Ambas demostraciones públicas fueron debidamente “permitidas” por las autoridades respectivas, quienes, violando la Constitución, se arrogan el derecho de “autorizar” o “desautorizar” el ejercicio de un derecho constitucional.

 

5º Las manifestaciones y los mítines transcurrieron con entera normalidad y se desarrollaron en perfecto orden, durante el tiempo en que los granaderos y los múltiples cuerpos policíacos se mantuvieron a la expectativa.

 

6º Fue sólo a partir del momento en que los agentes policíacos recibieron la orden de lanzarse a la carga contra ciudadanos que ejercían sus derechos constitucionales cuando se inició el desorden y empezaron los combates callejeros.

 

7º A las 9:30 de la noche, antes de que terminara la represión contra los estudiantes, brigadas de agentes de la Dirección Federal de Seguridad, auxiliados por miembros del servicio secreto y de otras policías, allanaron las oficinas del Comité Central del Partido Comunista Mexicano en Mérido 186, y ocuparon los talleres donde se imprime el semanario La Voz de México. Los “responsables” habían sido ya descubiertos.

 

8º Al día siguiente, 27 de julio, una comisión de miembros del PCM, en cabezada por los camaradas Gerardo Unzueta, miembros del Presídium del CC del PCM, y Arturo Ortiz Marbán miembro del Comité del DF, del PCM acudieron a las oficinas de Mérida 186 a tomar posesión de ellas, ya que hasta ahora no ha sido dictada disposición judicial alguna que prohibida la actividad del Partido Comunista Mexicano. Pero en lugar de hacer entrega de las oficinas, los agentes policíacos procedieron a aprehenderlos y ahora aparecen entre los “instigadores” de los sucesos del viernes.

 

No nos cabe la menor duda de que la arbitrariedad policíaca, que sigue la línea del anticomunismo de oficio, podrá acomodar los hechos a su arbitrio. Pero ello no cambiará la realidad, de la que fueron testigos decenas de miles de estudiantes y ciudadanos que vivieron y sufrieron el ataque de los “guardianes del orden”.

 

Cueto y Mendiolea tiene como prueba de su acusación contra el PCM, la presencia de militantes de nuestro Partido en las filas de los manifestantes del viernes. No lo ocultemos. Los miembros del PCM  apoyan tanto la demanda de que sean destituidos Cueto y Mendiolea como la conmemoración del Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada. Pero ello no exime a los jefes policíacos y a quienes con ellos planearon la provocación del día 26 de toda la responsabilidad por todo lo sucedido.

 

Por todo lo anterior el Presídium del Comité Central del Partido Comunista Mexicano demanda:

 

1º El inicio de una investigación a fondo para definir quiénes son los promotores y verdaderos responsables de los sucesos del 26 de julio.

 

2º La destitución inmediata de los generales Luis Cueto Ramírez y Raúl Mendiolea Cerecero, jefe y subjefe, respectivamente, de la Policía Preventiva del Distrito Federal.

 

3º La desaparición del Cuerpo de Granaderos.

 

4º La libertad inmediata de todos los detenidos.

 

5º La devolución incondicional de las oficinas del Comité Central del PCM de los talleres de La Voz de México y de todos los objetos que fueron sustraídos de estos lugares por agentes policiacos.

 

Los demócratas y revolucionarios mexicanos se enfrentan de nuevo, por tercera vez en este año, a la ofensiva de las fuerzas más reaccionarias del aparato estatal y del extranjero, que quieren acabar con todo vestigio democrático. ¡Cerremos el paso a los organizadores de la conjura policíaca!

 

¡Proletarios de todos los países, uníos!

 

México, D. F., 28 de julio de 1968.

 

EL PRESIDUM DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA MEXICANO

 

Arnoldo Martínez Verdugo, Primer secretario; Manuel Terrazas, J. Encarnación Pérez, Ramón Danzos Palomino, Martha Borquez, Antonio Morín, Hugo Ponce de León, Alejo Méndez, Marcos Leonel Posadas.