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La Emancipación Laica
La igualdad de todas las ciudadanas y ciudadanos ante la ley y la libertad de conciencia son dos puntales de la laicidad. Así, el laicismo o la laicidad surgió como un principio de organización fundado en la razón y en la ciencia. Sobre esas ideas se desarrolla el libro del filósofo español Henri Peña Ruiz, La Emancipación Laica, Filosofía de la Laicidad (Ediciones del Laberinto, S.L., Madrid, 1999), del cual presentamos algunas ideas:
Vivir libre es disponer del cuerpo (habeas corpus) y ser dueño del alma o conciencia (habeas animum). Así se hace posible la plenitud humana en los diferentes registros en los que tiene sentido: dominio del cuerpo, sensibilidad, cultura y pensamiento.
Lo característico de un derecho que se ocupa esencialmente de las condiciones de afirmación de la humanidad en función de su dignidad es que existe, a la vez como exigencia concreta y como ideal práctico, antes de su formulación jurídica...En la conquista de la laicidad se juega en cierto sentido, y en algunos momentos trágicamente, la aventura de la libertad.
Hay una estrecha interdependencia entre clericalismo y despotismo...puesto que sólo un poder que no emane de la soberanía del pueblo puede querer imponerle la confesión religiosa que sólo es propia de una parte de él...En el extremo opuesto la soberanía popular y el laicismo se reclaman recíprocamente en la figura republicana de la democracia.
...el dominio de la religión sobre el Estado no puede ceder el puesto al dominio del Estado sobre la religión...Dios, sometido a los caprichos de la República, corre el riesgo de perder el alma. La República, sometida a Dios demasiado ha perdido ya su cuerpo y alma. La liberación mutua tal vez sirva de regeneración y de retorno a las fuentes...No se trata de borrar las referencias religiosas, sino de universalizar los lugares públicos, es decir, situarlos bajo la égida de la res pública, la cosa común a todos, y ya no de la res privada, la cosa propia de algunos, en este caso la religión católica.
La laicidad se funde con la exigencia de verdad y de razón; requiere el cumplimiento de la libertad de principios garantizada por la ley, la libertad de conciencia, como libertad de juicio plenamente ejercida y autónoma. Tal emancipación de la razón, que debe garantizar la incansable búsqueda de la justicia social unida a la vocación liberadora de la instrucción pública, no implica la promoción de ningún modelo ideológico ni confesional y puede, por lo tanto, armonizarse con la diversidad de las convicciones que coexisten libremente en la sociedad.
La dinámica del ideal laico responde al conjunto del proceso histórico de emancipación...la promoción activa de la razón que da a cado uno el medio de comprender el mundo, de vivir sus creencias sin alienarse a ellas y de pensar el sentido de un horizonte de universalidad. La igualdad de derechos y la libertad de conciencia se cumplen cuando el pensamiento racional es soberano...
Solamente es público lo que es común a todos; los derechos de cada individuo, incluso aunque la obediencia particular a que se inscriba pretenda restringirlos de hecho, son reconocidos en toda su plenitud por el Estado laico y republicano. Si llega el caso, tal reconocimiento, garantizado por la laicidad, deberá imponerse ante cualquier tentación comunitaria de someter al individuo en nombre de su categoría de miembro de una obediencia. La universalidad de la ley común y laica libera, en derecho, a todos los humanos de las tutelas confesionales que tienden a desposeerlos de la libertad individual.
La justicia, en todos los sentidos del término, tiene que ver con la laicidad, con la nueva idea de la solidaridad originaria de los humanos que aprenden a liberarse simultáneamente de las opresiones sociales y de la tutela clerical.
Frente por la Cultura Laica. |