El espacio ciudadano

  

El Gobierno Federal no cumple con las obligaciones señaladas en la Constitución General de la República y en sus  las leyes reglamentarias. Muchos funcionarios y representantes populares  realizan prácticas corruptas, se aprovechan de los puestos públicos, obtienen beneficios personales a costa del erario, pervierten las instituciones, las desprestigian y las alejan de los propósitos para los que fueron creados.

 

Nuestra constitución establece como justificación para la operación de las instituciones gubernamentales la justicia para todos los mexicanos: a la seguridad, el derecho al trabajo, a la vivienda, educación, salud, deporte, recreación y en general a una vida sana. Sin embargo, tanto los gobiernos de origen priísta y el que encabeza el presidente Vicente Fox, se han apartado de los establecido por la carta magna.

 

En efecto, de lo anterior dan muestras los 60 millones de mexicanos que viven en condiciones de pobreza, el clima de inseguridad presente a lo largo y ancho del país, la baja calidad de la educación, la desatención a los problemas de salud, la falta de empleo que obliga a los compatriotas a emigrar a Estados Unidos, pedir limosna o convertirse en delincuentes para sobrevivir.

 

La situación descrita es la base de la desconfianza en el político tradicional, por su ineficiencia e ineficacia, irresponsabilidad, falta de escrúpulos y deshonestidad con que se manejan los órganos gubernamentales.

 

No obstante lo delicado de esta realidad, los ciudadanos no pueden adoptar una actitud que desemboque en la falta de interés por la política, en el alejamiento de las urnas, en la apatía por los asuntos públicos. Hacerlo, los llevaría a no incidir en la vida de las instituciones, a renunciar a influir sobre el funcionamiento de los órganos gubernamentales para que actúen de acuerdo con el interés mayoritario.

 

Hoy más que nunca necesitamos ciudadanos concientes, críticos, autónomos, responsables y comprometidos en la solución de los grandes y complejos problemas de nuestro tiempo.

 

Los mexicanos necesitamos una nueva metodología para superar los grandes rezagos que nos dificultan emprender un camino efectivo hacia el progreso, se hace imprescindible superar los enfoques tradicionales, porque vivimos una realidad diferente que reclama soluciones diferentes.

 

Prueba de ello es que el empleo tradicional (seguridad en el empleo, seguridad social, aguinaldo, vacaciones, tiempo extra, sindicalización, contratación colectiva, jubilación) no existirá más.

 

El avance tecnológico, el interés individual de los grandes empresarios, la política neoliberal, que respalda la reducción del Estado, la apertura indiscriminado a los mercados externos, la ausencia de apoyos para consolidar una industria nacional, dan cuenta de lo difícil que será resolver el problema de la pobreza en viven 60 millones de mexicanos, superar el bajo poder adquisitivo, y dejar atrás la endémica pequeñez de nuestro mercado interno.

 

Por ello, la solución de los grandes problemas económicos, políticos y sociales que afectan a la mayoría de los mexicanos ya no puede provenir en un líder iluminado, de un Mesías o de un milagro o incluso de partidos políticos como el PRI y el PAN.

 

El problema de México es aún más difícil si tomamos en consideración que carecemos de una clase política ilustrada, interesada en el desarrollo del país, con visión de largo plazo, con proyecto de nación.

 

Para hacer frente a esta situación los ciudadanos deben apelar a su propia fuerza y organización, tienen que crear nuevas formas de participación para intervenir en la política, incidir en la conducción de las instituciones, apoderarse de instancias de decisión. En una palabra, ejercer el poder desde el barrio, la colonia, la unidad habitacional, la escuela, la fábrica, el ejido, el municipio.  abandonar esquemas de apatía, desinterés, individualismo o valemadrismo, toda vez que nadie va ha realizar nada sino lo hacemos por nosotros mismos.

 

Abandonar para siempre las posiciones apáticas y comodinas, ejercer el voto con responsabilidad, pues representa un instrumento para cambiar a los gobiernos corruptos, jamás volver a vender el voto al mejor postor y olvidarse de la comodidad de quedarse en su casa a ver los toros desde la barrera y dejar que el mundo ruede o no meterse en nada porque ya habrá alguien que lo haga por nosotros y pasar a una decida acción para convertir a la ciudadanía en el nuevo actor político.

 

La ciudadanización del poder político parece ser la opción más viable, factible y segura.

 

En este sentido, no basta con ganar elecciones  ni con acceder a la toma del poder, eso ya se ha visto y mucho y  siempre ha resultado vano. El caso de Rosario Robles lo ejemplifica.

 

La democracia debe dar paso a que la población intervenga y participe en la toma de decisiones y en la instrumentación de de políticas.

 

La acción más trascendental para democratizar y humanizar al poder es a través del empoderamiento de la ciudadanía.

 

Crear órganos de poder ciudadano que acompañen en el ejercicio de poder de los municipios o las delegaciones y de ahí avancen hacia la determinación del rumbo, los objetivos y las prioridades de los gobiernos estatales y los poderes federales.

 

Las delegaciones, los municipios, todo poder estatal es una forma de organización de la sociedad cuyos objetivos han dejado de observarse debido a que son ocupados por políticos de partidos que no representan el interés general.

 

Todos los órganos estatales tienen asignados recursos presupuéstales provenientes de impuestos destinados a procurar  el bienestar general en materia de educación, salud, carreteras, seguridad, desarrollo económico, pero esos recursos son malgastados o desviados por quienes ejercen el poder.

 

La ciudadanía no puede permitir que la acción del Estado y sus recursos sean utilizados para el enriquecimiento ilícito o para beneficiar a unos cuantos o con fines facciosos.

 

La sociedad debe adueñarse del aparato estatal para utilizarlo en su beneficio, en la solución de problemas entre particulares, en la promoción de la observancia del Estado de Derecho, en dar seguridad a los bienes y a la vida de los ciudadanos.

 

Mejor dicho. Los órganos de poder habiendo sido creados por la sociedad, ahora resulta que se los han enajenado y de manera perversa se están utilizando en contra de la población, o de la sociedad para ser más precisos. De ahí la tarea de plantear su rescate como una tarea de primera importancia y como primer paso para su posterior rediseño y transformación.

 

La sociedad esta siendo despojada de sus recursos, de su riqueza y de sus ingresos futuros porque desde las esferas de decisión se aplican medidas para saquear el erario público, propiciar hechos ilícitos, adoptar políticas que producen desempleo, comercializan los activos estatales o se malbaratan los recursos naturales.

 

Para que esto ya no suceda llamamos a la población a organizarse en Liga 24 de Abril y lo invitamos a que escuche, analice, participe en la lucha por ganar Iztacalco, a transformar nuestra Delegación, a construir un gobierno que verdaderamente sea del pueblo, que sirva al pueblo y que lo conforme el pueblo.