Feminismo, asignatura pendiente de la
Ilustración
La Ilustración (la Revolución Francesa
incluida), como movimiento cultural europeo del siglo XVIII,
basó su confianza en la razón y en la igualdad jurídica de los
hombres que, como tales, se convirtieron en sujetos del contrato
social, el contrato de los iguales políticamente hablando.
Paradójicamente, un movimiento que puso la razón como
estandarte, se las ingenió para no reconocer los derechos de la
mujer y para confinarla desde la sinrazón al denominado espacio
privado. Ese es uno de los temas que aborda la filósofa europea
Célia Amorós en el libro: Feminismo, igualdad y diferencia (Ed.
PUEG-Humanidades-UNAM, México, 1994), del cual se destacan aquí
algunas de sus reflexiones.
El feminismo es un test de democracia, el
feminismo es un test de todo movimiento emancipatorio. Es un
parámetro que mide si nos hemos tomado en serio o no una
característica que desde la Ilustración tienen los movimientos
emancipatorios: la universalidad, hablar en un lenguaje de
universalidad. El feminismo desde ese punto de vista es la
radicalización de la Ilustración, históricamente es como si
fuera la última implicación que se saca de ese lenguaje de la
universalidad, de ese programa emancipatorio universal.
Las actividades socialmente más valoradas,
las que tienen un mayor prestigio, las realizan prácticamente en
todas las sociedades conocidas los varones. Puede haber una rara
excepción, pero son las actividades más valoradas las que
configuran o constituyen el espacio de lo público: es el espacio
más valorado por ser el del reconocimiento, de lo que se ve, de
aquello que está expuesto a la mirada pública…las actividades
que se desarrollan en el espacio público suponen el
reconocimiento, y éste está íntimamente relacionado con el
poder… El espacio público es el de los iguales o pares…Es el
espacio de los que se autoinstituyen en sujetos del contrato
social, donde no todos tienen el poder, pero al menos pueden
tenerlo, son percibidos como posibles candidatos o sujetos de
poder.
Por el contrario, las actividades que se
desarrollan en el espacio privado, las actividades femeninas,
son las menos valoradas socialmente. En el espacio privado no se
produce lo que en filosofía llamamos el principio de
individuación…el espacio privado es el espacio de las idénticas,
el espacio de la indiscernibilidad, porque es un espacio en el
cual no hay nada sustantivo que repartir en cuanto a poder ni en
cuanto a prestigio ni en cuanto a reconocimiento, porque son las
mujeres las repartidas ya en este espacio. No hay razón
suficiente de discernibilidad que produzca individuación. Para
las mujeres el espacio de las idénticas se identifica con el
espacio de lo privado porque, en razón a las tareas mismas a las
que históricamente se las ha condicionado, al estar en un
espacio de no-relevancia están condenadas a la indiscernibilidad,
no tienen por qué tener un sello propio.
Esa es la división entre lo privado y lo
público…no es una relación de simetría ni de complementareidad…lo
valorado socialmente está en el espacio público y se lo
adjudican los varones, y lo no valorado está en el espacio de lo
privado y se adjudica a las mujeres.
No podemos salir de la Ilustración sin más,
ésta tiene asignaturas pendientes, y una dura asignatura
pendiente parece ser el feminismo…(el cual) tiene claramente sus
raíces en la ideología ilustrada. Las premisas de las
vindicaciones feministas están en la concepción ilustrada del
sujeto como nuevo espacio de universalidad…y de los iguales…
Frente por la Cultura Laica