EL FENÓMENO POLÍTICO.

 

El comportamiento del fenómeno político en México se caracteriza por un sistema de partidos constante movilidad. Desde hace alrededor de 15 años tiene lugar un significativo agrupamiento y reagrupamiento de sus actores políticos: Los partidos registran casi cotidianamente desprendimientos de personas o grupos en forma a causa de diferencias políticas, como resultado por la lucha de posiciones a su interior,  por ambiciones personales o como reacción ante arbitrariedades en su conducción.

 

Los grupos o individuos escindidos o expulsados o que renuncian voluntariamente, buscan cobijo de inmediato en otros partidos, los que, por lo regular, los postulan a puestos de representación popular, llevando a cabo, por cierto, intensas campañas por el voto, mismas que generalmente culminan con resultados exitosos.

 

A lo largo de estos tres lustros ha sido común enterarse de cambios radicales en la correlación de fuerzas al interior de estados y municipios que conllevan a modificaciones en los grupos que dirigen los gobiernos, en la composición de las legislaturas locales, de las presidencias municipales y de los cabildos.

 

Como si añoraran el monolitismo del pasado, algunos observadores sostienen que este expediente ha sido usado en forma abusiva, que da origen al surgimiento de políticos aventureros y saltimbanquis o que convierten a los partidos en simples franquicias que se ponen a disposición del mejor postor.

 

Sin embargo, a pesar de lo certero de esta crítica, hay que decir que en realidad no abarca la complejidad del problema, toda vez que, son innegables los aspectos positivos que envuelve como la existencia de una mayor competencia política, la elevación de la conciencia y la cultura política de la ciudadanía, el conocimiento de otras propuestas, enfoques y formas para ejercer el poder, el estímulo al desarrollo de la vigilancia y fiscalización ciudadana, el convencimiento de que el voto es un instrumento eficaz para la formación de la representación popular, la intervención de la población avecindada en las localidades para decidir el monto y destino del presupuesto así como el surgimiento de formas iniciales de una democracia plebiscitaria.

 

La democracia mexicana ha cursado una interesante experiencia aunque lo mejor aun está por venir. De ello habla el largo periodo de transformaciones iniciado a finales de los años ochentas, cuando irrumpió una insurrección electoral de la ciudadanía, el Partido Revolucionario Institucional sufrió fracturas  tan considerables que no solamente lo debilitaron sino que lo llevaron a perder la presidencia de la República en 1988, derrota que no reconoció gracias a un mega fraude y al apoyo cómplice del Partido Acción Nacional.

 

Si bien los avances políticos están a la vista, su culminación implica la realización de una Reforma del Estado que permita modificar la institucionalidad actual como requisito para modernizar al país, superar el atraso, emprender la vía segura del desarrollo y convertir a México en una potencia de desarrollo medio aprovechando sus enormes recursos naturales, el talento de su gente e incorporando al mercado a 60 millones de mexicanos que ahora se encuentran en la pobreza.