Sociedades de Convivencia

 

La Ley de Sociedades de Convivencia, aprobada en México en noviembre de 2006 para su vigencia en la capital del país, pretende brindar certidumbre jurídica a las dos personas que quieran conformar una sociedad, sean éstas del mismo o diferente sexo. Una reflexión sobre ello del escritor Carlos Monsivaís fue publicada por la  Agencia_notiese@listas.laneta.apc.org de lo cual resaltamos aquí algunas de sus ideas relacionadas con las libertades:

 

Especialmente en los años recientes la tolerancia es un gran instrumento interpretativo que recupera la herencia de Voltaire y Víctor Hugo, de los liberales de la Reforma, de Juárez y Francisco Zarco, y siempre se pone al día porque la renovación de los prejuicios obliga a cambiar los métodos de enfrentamiento.

 

El ejercicio de la tolerancia actual se inicia en la crítica al papel negativo y devastador de los prejuicios, esos juicios sumarios que siempre usan las prohibiciones en el papel de los razonamientos.

 

La Ley de Libertad de Cultos es, en rigor, el principio indetenible de la modernización mental. Esta es la lógica "Si acepto que alguien crea o actúe de modo distinto al mío, confirmo la premisa: a mis acciones y mis convicciones no las debilitan los ejemplos alternativos o contrarios". Esto es determinante porque el prejuicio, si algo, es una gran variante del miedo, definido como el apego idolátrico a las convicciones propias que si se modifican en algo hacen que la persona se desconozca a sí misma.

 

A la intolerancia y a sus instrumentos: las persecuciones, las prohibiciones y la censura se le deben muchos de los encierros específicos de la nación. En el campo religioso el hostigamiento a los protestantes desde, por lo menos, finales del siglo XIX, depende de un motivo irrenunciable: no pasarán.

 

Es obvio pero debe repetirse: nada justifica un linchamiento y argumentar los usos y costumbres de las comunidades, además de absurdo, "redime" la intolerancia de siglos en nombre de la idolatría: la voz del Pueblo es la voz de Dios.

 

Un buen número de los usos y las costumbres se justifica; otro, inadmisible, tiene que ver con los derechos de las mujeres y la libertad religiosa. Por eso, no tiene sentido la reivindicación totalizadora del concepto.

 

Celebramos un hecho primordial jurídico y ético, otra más de las comprobaciones de lo evidente: los puntos de vista son respetables, la oposición irracional a los derechos elementales no lo es, y la modernidad le concede la razón a muchísimas ideas cuyo tiempo ha llegado.

 

 

Frente por la Cultura Laica