El declive de los dogmas
La globalización, entre otras circunstancias, ha conducido a que las sociedades reflexionen sobre lo que tiene valor para orientar la vida. A juicio de algunos, los valores morales y estéticos tienden a fluctuar como en un amplio mercado bursátil. Aún más, el fenómeno de la moda invade nuestra concepción de los valores, puesto que vivimos en lo efímero. También se advierte un derrumbamiento de valores patriarcales y la feminización de valores sólidos. Son éstas reflexiones preliminares del filósofo Jéróme Bindé, director de los Coloquios del siglo XXI convocados por la UNESCO, bajo el nombre de ¿Hacia dónde se dirigen los valores? (publicado por el Fondo de Cultura Económica, México, 2006). Aquí algunas de sus ideas.
El siglo XXI podría verse abocado a una extraña contradicción: nunca se habrá dado tanto valor a lo efímero. Sin embargo, el surgimiento de sociedades del saber, que tienden a hacer de la educación para todos y a lo largo de toda la vida no sólo un simple sueño, sino un proyecto, parece prefigurar el desarrollo de un nuevo dispositivo de valores duraderos, a la vez serios, lúdicos y juveniles.
¿Nos dirigimos hacia una estetización de los valores cuando se trata, primero y antes que nada, de crearlos?
La creación está por todas partes. Todos somos o aspiramos a ser creadores. En la vida personal, en ausencia de marcos estables y eternos, todos nos vemos obligados a crear, aunque sólo sea nuestra propia existencia: hay que inventar nuestro estilo de vida. En la vida económica se reconoce la innovación como el motor del desarrollo. Las fuerzas del mercado sitúan en primer plano las seducciones de la oferta, la multiplicación infinita de los deseos, que tan sólo un dinamismo incesante de creaciones atractivas puede alimentar. De este modo, la estetización generalizada no sólo afecta a la sociedad como espectáculo, sino al propio núcleo del principio ético y de la dinámica empresarial.
Sin lugar a dudas, el siglo XX ha presenciado en varias partes del mundo un declive masivo de la adhesión a los dogmas religiosos tradicionales. Sin embargo, al mismo tiempo, ha conocido una diversificación extraordinaria de búsquedas personales o comunitarias de tipo espiritual.
Se aprecia el derrumbamiento de marcos patriarcales…una fractura considerable que implica una feminización de los valores de consecuencias profundas, que todavía es difícil de medir plenamente, pero que desde luego influirá en todos los aspectos del siglo XXI. La mundialización, las nuevas tecnologías y la revolución de la información imponen a los habitantes del nuevo mundo que se perfila a considerar totalmente los contratos sociales, pilares de nuestras sociedades.
Los cuatro contratos sobre los que ha llamado a reflexionar la UNESCO son:
Contrato social: consistente en la educación para todos los seres humanos a lo largo de toda la vida.
Contrato natural: El ser humano no como dueño, sino depositario de la naturaleza para terminar con la explotación exagerada de los recursos presentes.
Contrato cultural: a favor de la preservación de la diversidad cultural.
Contrato ético: que se refiere a las exigencias éticas subyacentes en el ideal de los derechos humanos, para la construcción plena de la ciudadanía.
¿Y si fueran las sociedades del conocimiento las que sucedieran a las sociedades de los valores? Porque el conocimiento no se puede reducir a la perplejidad y la producción de dudas, actitudes inherentes al rigor científico. El conocimiento es también creación, acompañamiento cognitivo del cambio.
Frente por la Cultura Laica