Inteligencia andrógina
Podemos imaginarnos el cuerpo de todo ser humano habitado por tendencias masculinas y femeninas. Y podemos reflexionar si se hace necesario reprimir una de esas tendencias para que la otra se despliegue con toda plenitud. O quizá podemos pensar que más que reprimir una de esas tendencias sea posible armonizarlas de tal suerte que, la energía de ambas, tal vez con el predominio de alguna, permita desarrollar intensamente nuestra creatividad. Pero también, y para complementar la serie de ideas, es posible pensar en muchas y muy diferentes combinaciones para que el ser humano no renuncie al dictado de su mente y de su cuerpo. Esa es otra de las reflexiones que nos brinda Virginia Woolf, en el libro Un Cuarto Propio (Ed. Colofón, México, 2004). Aquí algunas de sus ideas:
Sería una pena que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o parecieran hombres, porque si apenas dan abasto dos sexos, considerando la amplitud y variedad del mundo ¿cómo nos manejaríamos con uno solo? ¿No debe la educación desarrollar y reforzar las diferencias, más bien que las similitudes? Porque ya demasiado nos parecemos, y si un explorador pudiera volver con noticias de otros sexos, atisbando otros cielos a través de las ramas de otros árboles; nada sería de mayor servicio a la humanidad.
Me puse a delinear de cualquier manera un plano del alma, en el que dos poderes presidían, uno varón y otro hembra; y en el cerebro del hombre el varón predomina, y en el de la mujer la hembra. El estado normal y placentero, es cuando están en armonía los dos, colaborando espiritualmente. Hasta en el hombre, la parte femenina del cerebro debe ejercer influencia; y tampoco la mujer debe rehuir contacto con el hombre que hay en ella. Esa tal vez fue la intención de Coleridge cuando dijo que una gran inteligencia es andrógina. Cuando se opera la fusión, la mente queda fecundada plenamente y dirige todas sus facultades. Quizá una mente del todo masculina no puede crear, así como una mente del todo femenina, pensé”.
Quizá la inteligencia andrógina propende menos a las distinciones que la inteligencia de un solo sexo. Quería decir, tal vez, que la inteligencia andrógina es resonante y porosa; que trasmite sin dificultad la emoción; que es naturalmente creadora, indivisa e incandescente.
Frente por la Cultura Laica