LA DEMOCRACIA SEXUAL
Las sociedades democráticas y secularizadas requieren del debate, de la discusión de los temas, de las normas y de las leyes que a todos atañen. Sobre ello habla el sociólogo francés Eric Fassin en la entrevista concedida al Suplemento Letra S 119 (del periódico La Jornada, junio de 2006). Estas son algunas de las cuestiones planteadas:
Una sociedad democrática es aquella que define por sí sola sus leyes y sus normas, y no considera que deban ser definidas por un principio trascendente, como Dios, la Naturaleza o la Ciencia, sino por la propia sociedad en la que vivimos. Así, a las leyes y a las normas no las define ningún principio trascendente, sino uno inmanente, que es la sociedad.
La democracia sexual es aquella aplicada a las cuestiones de género y sexualidad. Según yo, porque el género, los sexos y la sexualidad aparecen como algo natural, es decir, definidos por un principio que escapa a la sociedad. Entonces, el esfuerzo por pensar que incluso la diferencia de sexos y las sexualidades no son naturales, sino sociales, y que podemos entonces redefinirlas, se vuelve entonces un ejercicio difícil y muy problemático. Por ello, las cuestiones sexuales son actualmente apuestas democráticas privilegiadas.
Una sociedad democrática es aquella en que es posible discutir una norma y, en cuanto se discute, se transforma la manera en que se nos impone. En lugar de que las reglas funcionan de manera inconciente, ahora están explicitadas, y así nuestra relación con ellas está menos determinada. Somos menos prisioneros de las normas, pues las vemos tal como son, es decir, como convenciones arbitrarias, discutibles, negociables. Lo que podemos esperar no es ser individuos asociales, liberados de las normas, sino individuos un poco más libres en nuestra relación con ellas.
Las relaciones amorosas, ya sean homosexuales o heterosexuales, no son apaciguadas, son también debates. Combates. No hay equilibrio por alcanzar; por el contrario, uno se pregunta ¿cómo podría yo vivir de una forma que corresponda a lo que reivindico? La verdad es que no hay soluciones dichosas ni una sociedad libre de relaciones de poder; Foucault no promete un mundo sin poder; siempre habrá relaciones de poder. Lo que sí podemos esperar es que estas relaciones de poder sean transformadas un poco por el hecho de vivir en una sociedad que las cuestione y no las acepte como evidencias. (Contribución de Olivia Ortiz)
Frente por la Cultura Laica