LA ESENCIA DE LA ESCUELA PÚBLICA
La escuela pública laica es la institución que tiende a garantizar la libertad de pensamiento. Mientras los fundamentalismos y autoritarismos evocan una pretendida democracia para entrar a controlar las conciencias de los escolares, la enseñanza laica cobra relieve en abono de la ciencia, la razón y la actitud crítica que, a fin de cuentas, son condiciones para la evolución de las sociedades. Aquí algunas posiciones del filósofo Henri Peña Ruiz, extraídas de su libro La Emancipación Laica, Filosofía de la Laicidad (Ediciones del Laberinto, S.L., Madrid, 1999) :
La soberanía popular se fortifica en su versión republicana al liberarse de lo que divide y opone a los hombres. La laicización de la escuela vendrá a culminar el proceso asegurando a todos la promoción de la capacidad de juicio racional, cultivada en la independencia reconocida de los saberes y en la contribución de estos al cuestionamiento crítico del sentido de las prácticas humanas.
Los revolucionarios franceses como Condorcet, hacia 1789, plantearon una instrucción liberadora que vuelva popular a la razón, difundiendo el saber y el ejercicio del conocimiento reflexivo por todo el pueblo. Un pueblo así liberado de la ignorancia y la superstición, ¿necesita un culto para respetar el bien público cuyo juego liberador le indica suficientemente las luces de su razón?
La escuela, donde no ha podido ser eludida la virtud liberadora del saber, repele la tutela clerical que tiende a hacer de ella el simple aparato ideológico del proselitismo de una confesión.
La Obra de la Comuna de París (1871), breve pero ejemplar, es digna de consideración; la laicización no sólo se propone sustraer la enseñanza a las comunidades religiosas, sino afirmar positivamente el derecho de una institución libre para todos los hijos del pueblo. Esta institución que es gratuita, obligatoria y laica, debe preparar la liberación de la propia sociedad en relación con el poder opresivo y el oscurantismo correspondiente.
Si el terreno de las luchas políticas y las variaciones legislativas se inserta en un marco constitucional, la escuela laica forma parte de ese marco. Este estatuto ha de ponerla fuera del alcance de las presiones sociales y hacer de ella el lugar donde la sociedad se distancia de sí misma, el lugar donde sus diferentes planos, sin ser necesariamente subestimados, se relativizan respecto a lo que en derecho une a las personas. La dimensión anticonformista de la escuela laica defiende esta independencia de principio, prenda de libertad, pero también referencia crítica constante contra las jerarquías de toda laya, hegemonías mediáticas e ideológicas insertas en el paisaje social.
La laicidad de la escuela pública no puede, pues, concebirse solamente sobre un modelo de neutralidad del Estado republicano; requiere también la educación de la razón, por sí misma, que posibilita la instrucción, cuyo horizonte ideal es la cultura universal.
Frente por la Cultura Laica