LA PAREJA IDEAL
Algunos convencionalismos sociales atentan, a veces de manera muy vigorosa, en contra de nuestra libertad de elegir. En la muy sutil frontera entre lo conciente y lo inconciente, se hallan cuestiones como el condicionamiento para elegir la estatura de nuestra pareja. Es en esas formalidades donde una parte de la clase media impone su autoridad. Sobre ello nos habla Sabine Gieske, en su texto La pareja ideal ¿Cuestión de tamaño? (Sabine Gieske (comp.), Jenseits vom Durchschnitt. Vom Kleinsein & Grosssein, Marburgo, 1998). Aquí un resumen.
¿Cuál es la regla tácita que prescribe que el hombre sea más alto y la mujer más baja? Mi tesis es que lo que consideramos como pareja ideal –es decir, la pareja en la que el hombre es más alto que la mujer no es simplemente una cuestión de gusto. Sostengo que las ideas occidentales acerca de la apariencia normal de las parejas expresan ideales de la clase media que se transmiten por medio de la cultura. Las prescripciones específicas sobre la estatura relativa de los sexos no suelen entenderse bien porque operan, ante todo, de manera inconsciente.
El asunto silenciado, la fantasía amenazante que determina nuestras sensibilidades estéticas, surge ante la muy peculiar imagen de un hombre bajo acompañado por una mujer alta, que representa el reverso de la pareja ideal de la clase media. Esa “pareja no natural” provoca vergüenza porque plantea un desafío simbólico a las relaciones de género de la clase media. En esta imagen, tanto el hombre como la mujer se rebelan contra los papeles que les han sido asignados. Mientras la mujer parece exigir algo que no le pertenece por derecho propio –esto es, ser alta, ser secretamente un hombre y competir en un mundo masculino-, el varón parece dejarse dominar, despojarse de su poder ante la mujer; aparece como un apocado, como un perdedor. Pero también, desde luego, puede suponerse que se trata de alguien tan atractivo sexualmente, que por eso ha sido elegido... Ése es el tema del que no se habla, la fantasía y la ideología que con seguridad operan a profundidad en nuestro interior, en nuestros cuerpos.
Desde luego, estadísticamente los hombres son más altos que las mujeres, pero hay que notar que la formación de las parejas se beneficia de ese hecho y establece que la única combinación aceptable es la de un hombre más alto y una mujer más baja. Lo opuesto, sin duda posible, resulta culturalmente inadmisible y, por tanto, muy poco frecuente. Es obvio que las parejas suelen ajustarse a un molde simbólico que confirma el estereotipo del hombre físicamente superior (lo que entraña, a su vez, la suposición de una superioridad intelectual) respecto de la mujer más baja y delicada que le es asignada y que, típicamente, lo mira de abajo hacia arriba.
La imagen de la “pareja ideal” que propone el proyecto de género de la clase media se sigue reproduciendo en la actualidad… Ésta es la razón por la que hombres y mujeres (incluyendo especialmente a quienes se consideran liberados) consienten en ajustarse a un proyecto que limita y determina su elección de pareja. Y es aquí donde se cierra el círculo de la imagen inconscientemente integrada de la pareja. Sólo cuando la estructura interiorizada se reconoce como tal, puede ser objeto de negociación y transformación. Mientras siga siendo inconsciente, la “pareja anormal” seguirá cosechando sólo sonrisas de rechazo. Pero, evidentemente, los tiempos están cambiando y las normas también. (Contribución de Elena Bernal).
Frente por la Cultura Laica