Religiosidad y sentimientos
Investigar las razones por las que surgieron las religiones no es un proceso fácil. Existen muchos velos que pretenden mantener oculto dicho origen. Es en ese marco de búsqueda en el que se plantea el animismo como precursor de toda religión. El filósofo Gonzalo Puente Ojea analiza críticamente este hecho histórico en su libro Animismo, El umbral de la religiosidad (Ed. Siglo XX, Madrid, 2005). Aquí unas de sus ideas:
La religiosidad tiene como subsuelo necesario la errónea convicción de que en el universo existen dos dimensiones o planos antitéticos de la realidad: el plano de la naturaleza, con su múltiple estructura de la energía física, y el plano metafísico de los espíritus o entes sobrenaturales.
Toda religión, por el hecho de serlo, exige creer en la existencia, como referencia fundamental, de almas y de espíritus que son trascendentes, inmateriales, personales o eternos; y que por consiguiente, habitan en un mundo trasnatural ahora, y luego en un Más Allá que supera la muerte.
La ciencia establece hoy que todos los fenómenos mentales son funciones del cerebro en cuanto gran procesador de energía en varios niveles…La energía física es el constituyente dinámico de todo lo que hay, con sus múltiples niveles de complejidad.
La investigación y el conocimiento de los hechos que configuran el panorama de la realidad en general reclaman una sostenida atención en tres direcciones: la naturaleza de la realidad constituida (el qué), sus causas (el por qué) y su génesis (el cómo). Si se trata de hechos que han surgido en el curso del tiempo, y que han tenido por tanto un despliegue evolutivo, dilucidar su origen cobra relevancia determinante para conocerlas y ponderarlas.
El estudio de cómo los humanos modernos tuvieron acceso a sentimientos y creencias religiosas resulta indispensable. No obstante, los teólogos estiman que la naturaleza de su confesión de fe es el depósito de todo lo que es digno de conocerse, y que su explicación es su propia revelación. Al fin y al cabo, si se hace patente que fueron los seres humanos los inventores de inexistentes almas y espíritus, las religiones se hundirían.
El estudio retrospectivo de cómo ha nacido la religiosidad, de identificar cuáles fueron los sutiles resortes mentales por los que emergió en la historia temprana del Homo sapiens sapiens, conduce al camino por donde el trabajo de la mente transitó hasta llegar al umbral de la religión.
Ya con la capacidad reflexiva, el ser humano prehistórico procuró superar sus crisis de ansiedad ante experiencias oníricas, visionarias, alucinatorias y hubo de buscar explicaciones indispensables, aunque fueran falsas. Así surgió el ánima o alma, un elemento de la misma persona pero incorpóreo, invisible, inaprensible, que le sobreviviría tras la muerte…Eludir la muerte equivalió a hipotecar la vida. Ese es el sino de las religiones como promesas de salvación.
La clave para dilucidar la génesis del sentimiento religioso es el animismo…las almas solamente constituían para el ser humano primitivo los principios vitales, pero interpretaba la realidad en términos naturales. En ese nivel no había nada definible como religios pero irrumpe la creencia en los espíritus, autónomos y algunos todopoderosos es el punto de arranque de la fabulación religiosa…cultos, ritos y mitos irán moldeando ese mundo de las emociones que conforman lo que históricamente se ha denominado como sentimiento religioso y espacio de lo sagrado.
Frente por la Cultura Laica