MAS ALLÁ DE LOS VERSOS SATÁNICOS
Los Versos Satánicos fue una obra que hacia 1989 conmocionó a los líderes religiosos iraníes, quienes sentenciaron a muerte a su autor, el escritor inglés de origen hindú, Salman Rushdie. Así, mientras el extinto líder espiritual ayatola Rujolá Jomeini lo condenaba de apóstata y una fundación iraní ofrecía casi 3 millones de dólares a quien le asesinara, Rushdie siguió y sigue escribiendo. Aquí algunos fragmentos de su artículo ¿Tenemos que volver a pelear la Ilustración? publicado el 23 de enero de 2005 en el periódico inglés The Independent:
De regreso en Gran Bretaña, he descubierto otro tipo de clausura de los valores liberales (se refiere aquí a una pretendida ley sobre incitación al odio religioso), de cara a un resurgimiento de exigencias religiosas. Pareciera que debemos luchar nuevamente, y desde el principio, la batalla por la Ilustración también aquí en Europa. Dicha batalla se libró en contra del deseo de la Iglesia de poner límites al pensamiento. La de la Ilustración no fue una lucha contra un Estado, sino contra la Iglesia.
La mayoría de las ideas contemporáneas sobre libertad de expresión y la imaginación vienen de la Ilustración. Puede ser que hayamos creído que la batalla estaba ganada, pero si no somos cuidadosos, está muy próxima volverse "no ganada".
La ofensa y el insulto son parte de la vida cotidiana de todos en Gran Bretaña. Lo único que se tiene que hacer es abrir un diario y ahí hay bastante de qué ofenderse. Es absurda la idea de que pueda construirse cualquier tipo de sociedad libre en que las personas nunca se sientan ofendidas, y donde tengan el derecho de invocar una ley para defenderlas contra quienes ofenden e insultan. Al final, debe tomarse una decisión fundamental: ¿vivimos en una sociedad libre o no? En las democracias las personas se disgustan unas con otras. Argumentan vehementemente en contra de las posturas del otro (pero no llegan a dispararse).
En Cambridge se me enseñó un método muy plausible para discutir. Nunca personalices, aunque no tengas ningún respeto en absoluto por las opiniones de las personas. Nunca seas grosero, si bien te puedes permitir ser salvajemente grosero respecto de lo que piensa el otro. Esto, para mí, es una distinción crucial: la gente debe ser protegida de la discriminación en virtud de su raza, pero no se puede poner un corral en torno a sus ideas. En el momento en que se dice que cualquier sistema de ideas es sagrado, ya sea dentro de un sistema de fe o una ideología laica; desde el momento en que se declara que un conjunto de ideas debe ser inmune a la crítica, la sátira, el desacuerdo o el desprecio, la libertad de pensamiento se vuelve imposible... Si no podemos tener una discusión abierta de las ideas con que vivimos, nos estamos metiendo en una camisa de fuerza.
Desde luego importa si la gente tiene el derecho de llevar un argumento hasta el punto en que alguien se sienta ofendido por lo que se dijo. No tiene ningún mérito apoyar la libre expresión de alguien con quien de por sí estamos de acuerdo o cuyas opiniones nos son indiferentes. La defensa de la libre expresión comienza cuando la gente dice algo que uno no puede tolerar. Si no defiendes su derecho a decirlo, no crees en la libre expresión. Sólo crees en la libre expresión mientras no se te meta por la nariz. Pero la libre expresión sí se le mete por la nariz a las personas.
Será un día muy triste si esta mala ley llega a hacerse efectiva. De ser así tendremos que destruirla y llevarla a distintas cortes con la esperanza de que alguien reconozca que es manifiestamente absurda.
Frente por la Cultura Laica