YA NOS CONOCEMOS

 

El poeta es el faro que debe guiar a las multitudes. El que sueña, prepara al que piensa. Eso decía el inmortal escritor francés Víctor Hugo, autor de Los Miserables, quien pronunció un categórico discurso en la Asamblea Legislativa para oponerse a la Ley Falloux, el 15 de enero de 1850, mediante la cual se abrieron los espacios para la enseñanza religiosa en la escuela pública francesa. En 1851, Víctor Hugo ya estaba en el exilio y pudo retornar a Francia hasta 1870, tras la caída de Napoleón III. Aquí lo esencial de su discurso:

 

Ah. Ya nos conocemos. Conocemos al partido clerical. Es un viejo partido que tiene hojas de servicio. Es el que hace guardia a la puerta de la ortodoxia. Es el que tomó por verdad dos estados prodigiosos: la ignorancia y el error. Es el que prohíbe a la ciencia y al genio ir más allá del misal y el que quiere aprisionar el pensamiento en dogmas. Todos los avances que hizo la inteligencia en Europa, los hizo a pesar suyo. Su historia está escrita en la historia del progreso humano, pero en su reverso. Se opuso a todo. Es el que hizo azotar con varas a Prinelli por haber dicho que las estrellas no caerían. Es el que sometió a Campanella 27 veces a tormento por haber afirmado que el número de los mundos era infinito y haber entrevisto el secreto de la creación. Es el que persiguió a Harvey por haber probado que la sangre circulaba. Por Josué, encerró a Galileo, por San Pablo, hizo prisionero a Colón. Descubrir las leyes de los cielos era una impiedad; encontrar un mundo era una herejía. Es el que anatemizó a Pascal en nombre de la religión, a Montaigne en nombre de la moral, a Moliere en nombre de la moral y de la religión. Oh, sí, desde luego, quienquiera que seáis, lo que llamáis el partido católico, siendo el clerical, os conocemos. Hace ya tiempo que la conciencia humana se revela contra vosotros y os pregunta: ¿qué me reprocháis? Hace ya tiempo que tratáis de poner una mordaza a la mente humana. Y queréis ser los maestros de la enseñanza cuando no haya poeta, ni filósofo, ni pensador que aceptéis; cuando todo lo que ha sido escrito, hallado, soñado, deducido, iluminado, imaginado, inventado por los genios, el tesoro de la civilización, la herencia secular de las generaciones, el patrimonio común de las inteligencias, lo rechazáis. Si ante vuestros ojos tuvieseis el cerebro de la humanidad, si lo tuvieseis a vuestra discreción, abierto como la página de un libro, seguro que haríais tachaduras...La Inquisición que algunos hombres del partido tratan de rehabilitar en nuestros días con la púdica timidez que los caracteriza. La Inquisición que quemó en la hoguera o asfixió en los calabozos a cinco millones de hombres. La Inquisición que declaraba infames o incapaces de cualquier honor público a los hijos de los herejes hasta la segunda generación, exceptuando solamente aquellos que hubieran denunciado a su padre. La Inquisición, en la hora en que hablo, detenta aún en la biblioteca vaticana los manuscritos de Galileo cerrados y sellados bajo el precinto del Índice (Índice: la lista de los libros prohibidos por el Vaticano).

 

 

Frente por la Cultura Laica