QUE HACER DESPUÉS DEL 24 DE ABRIL

 

Lorenzo Gutiérrez Bardales

 

La mañana del 24 de abril de 2005, marcharon por las calles de la Ciudad de México, más de un millón 500 mil personas. Esta, que es la más numerosa manifestación política en la historia de nuestro país, tenía como objetivo fundamental rechazar el desafuero de Andrés Manuel López Obrador y su destitución como Jefe de Gobierno del Distrito Federal, decretada por la Cámara de Diputados y desaprobar la preparación de un proceso penal en contra del mismo Jefe de Gobierno, por el desacato de una orden judicial para cancelar la construcción de un camino de acceso a un hospital en la zona de Santa Fe en la delegación Cuajimalpa. La causa del rechazo es que atrás de estas acusaciones se oculta la pretensión del partido gobernante aliado con el Revolucionario Institucional y el Verde Ecologista, de marginar a este alcalde del proceso electoral para renovar la presidencia de la República del ya próximo año de 2006, por representar un proyecto de país muy diferente al aplicado desde 1982 cuyo fracaso es ya de reconocimiento universal.

 

El acontecimiento es trascendente por muchas razones: el cuantioso número de participantes, provenientes de las 16 delegaciones de la Ciudad de México y su zona metropolitana, la incorporación de ciudadanos de las 33 entidades de la Federación, su composición multiclasista, su carácter amplio, mucho más allá de las fuerzas del Partido de la Revolución Democrática, su gran diversidad, definida por la presencia de niños, jóvenes, adultos, ancianos, campesinos, empleados, obreros, intelectuales, desempleados, homosexuales, lesbianas, discapacitados, profesionistas, políticos, funcionarios públicos, legisladores, activistas sociales. La inmensa mayoría eran debutantes que se manifestaba en las calles por primera vez en su vida. Una cosa unía a todos estos ciudadanos: el alto nivel de conciencia cívica y la evidente disposición a comprometerse aún más en la lucha por la democracia y la justicia.

 

Por primera vez el Zócalo, esa enorme plaza de la ciudad capital lució en todo su esplendor. Se veía pletórica, pero fue insuficiente para albergar a los cientos de miles de mexicanos y mexicanas que protestaban de manera silenciosa y que por su número y el contenido de sus pancartas, protagonizaban un nuevo movimiento político.

 

Dada la capacidad de convocatoria de este político reformista y el respaldo que logró concitar tanto en el país como en el extranjero, no sólo conserva la delantera en las encuestas como precandidato presidencial, sino que se ha convertido, tal vez  sin buscarlo,  en la figura central de la actual coyuntura política y de hecho, es el nuevo hombre fuerte de México.

 

A pesar de la demostración de fuerza expresada en la manifestación dominguera del 24 de abril, México sigue siendo un país dividido, que reparte su voto entre tres partidos políticos, por ello aunque Andrés Manuel López Obador lleva la delantera en los sondeos de opinión, su casi segura candidatura presidencial para el 2006, motiva lo mismo animación que controversia. Sin embargo, a su alrededor se están nucleando políticos de diversos orígenes, movimientos sociales, expresiones regionales, organizaciones civiles, personalidades del arte, la cultura, la prensa, grupos representativos del empresariado, indígenas, dirigentes campesinos, agrupaciones de corte religioso, colectivos estudiantiles, asociaciones de comerciantes, partidos y sindicatos cuya dinámica ya los perfila como parte de un gran frente político nacional, amplio, multipartidista y pluriclasista.

 

Además de la composición social heterogénea, de la magna caminata del Museo de Antropología al Zócalo de la Ciudad de México, entre sus participantes se apreciaban diversas posiciones políticas, grados de conciencia desiguales, muy variadas motivaciones, intereses y aspiraciones, cualidades todas, que hacen del movimiento un conjunto abigarrado, amplio y representativo del mosaico político nacional.

 

 En efecto, ahí encontramos lo mismo a integrantes de partidos y grupos radicales con posiciones anticapitalistas, que militantes y simpatizantes del Partido de la Revolución Democrática, desempleados, madres solteras, contingentes del nuevo movimiento vecinal, campesinos, integrantes de la llamada izquierda azul, los beneficiarios de sus programas sociales, entre otros.

 

La característica fundamental que permeó a la concurrencia, era una demostración enérgica de repudio a la ilegalidad del juicio de procedencia, y una muestra de la fuerza potencial que podrían alcanzar las protestas, pero, por sobre todas las cosas, pareciera que los manifestantes querían mandar un claro mensaje a la nación  en el sentido de la defensa contundente de la democracia y del respeto a los derechos políticos de los ciudadanos.

 

Lejos de ser un acto aislado y espontáneo, se percibía la acción perfectamente organizada y la presidía idea de que, como acto de resistencia civil, tendría lugar por la senda pacífica, bajo el amparo de la Constitución General de la Republica y si bien adquirió una enorme dimensión y evidenció la fuerza actual del movimiento popular, incluso con tintes equivalentes a una insurrección popular, la instrucción para que se observara de manera estricta la ley, no caer en provocaciones y no permitir que bajo el manto de la masa y desde el anonimato se hicieran desmanes, se cumplió a cabalidad. Lo cortés no quita lo valiente, señor don Simón.

 

La marcha, evidenció como pocas expresiones anteriores, la preocupación cada día mayor de cientos de miles de mexicanos por la situación lacerante del país, con sus 60 millones de pobres, por el autoritarismo y la antidemocracia  gubernamental, por los 20 años de fracasos de política neoliberal, por la incapacidad, desidia e indolencia del gobierno para resolver las carencias actuales, acabar con los problemas ancestrales, erradicar la corrupción gubernamental, acabar con la existencia de sueldos elevadísimos de legisladores, funcionarios o dirigentes partidistas, como el del presidente y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que constituyen una verdadera vergüenza nacional.

 

Ese día los mexicanos, después de tanto contener su inconformidad, hicieron una explosión de júbilo, sacaron sus palabras a la calle y las convirtieron en manifestación, quisieron darse un levantón, como si quisieran hacer un repaso de sus fuerzas, expresar su optimismo y negarse a perder la esperanza en el futuro. Se armaron de orgullo y de coraje para librar la batalla por el futuro de la nación.

 

Lo ocurrido el domingo 24 de abril de ninguna manera puede constreñirse solamente al esfuerzo por impedir el desafuero o expresar el apoyo a un movimiento electoral, tampoco se trata únicamente, de empujar la postulación y el registro de una candidatura, mucho menos puede limitarse a la disputa de un puesto político, así se trate de la misma presidencia de la República, el asunto es más complejo, tiene implicaciones diversas porque fue la exigencia mas contundente para que se realicen  modificaciones profundas y urgentes a la política económica y social.  Con toda seguridad la influencia de este movimiento democrático se dejará sentir en un periodo largo de tiempo. De ahí la importancia y la necesidad de elaborar una correcta lectura del fenómeno, de realizar un esfuerzo serio por desentrañar su significado, por entender su sentido, pues solamente así se podrán sacar las lecciones que iluminen el quehacer político cotidiano, la conducta social, el sentir de las masas en movimiento, sus aspiraciones, sus deseos, su estado de ánimo y convertirlo en referente para influir en el devenir de la interminable lucha de los mexicanos por alcanzar una sociedad libertaria, con alto nivel de desarrollo, justicia, progreso e igualdad.

 

Un primer acercamiento para caracterizar la movilización popular del 24 de abril es asumirla como un momento fundacional para construir una nueva sociedad, un nuevo país, una nueva República. La gran marcha es diferente a otros movimientos por sintetizar y resumir muchos años de lucha en pos de la ampliación de los derechos constitucionales, de reclamos sociales y reivindicaciones económicas. Le da un jalón a los innumerables e infructuosos intentos por cambiar la realidad. A partir del 24 de abril, los anhelos populares adquieren otra calidad, emergen como tareas maduras e inaplazables, como proyectos viables y hasta visibilizan los caminos para concretarlos.

 

A partir de ahora, el 24 de abril no será una fecha más en el calendario, sino el parteaguas que nutrirá la definición de una nueva era, de nuevo proyecto económico, alumbrará un nuevo movimiento social y anuncia las grandes batallas que se avecinan y que influirán en la dinámica política, el desarrollo cultural y las relaciones sociales de los mexicanos.

 

Esta nueva situación política plantea con urgencia la elaboración colectiva de una nueva agenda nacional como punto de partida para condensar entre muchas fuerzas, un nuevo proyecto de nación, por ello tiene mucho valor el llamado al diálogo formulado por Andrés Manuel López Obrador en el mitin de ese medio día en la plaza principal de la República.

 

El contenido de la agenda nacional debe abarcar por los menos los siguientes puntos:

 

La Reforma del Distrito Federal, consensuada por los partidos, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y la Cámara de Diputados y mañosamente congelada por los priístas en el Senado de la República, donde se establezca la transformación del actual estatuto de gobierno en estatuto constitucional, la formación de un congreso local que sustituya a la Asamblea Legislativa, la ampliación de las facultades del Jefe de Gobierno equiparándolas a las de los gobernadores de los estados

 

Una reforma electoral para recortar los periodos de campaña, reducir los gastos electorales, mejorar la vigilancia sobre los partidos políticos, establecer la segunda vuelta, entre otros.

 

Realizar la siempre aplazada Reforma del Estado para actualizar nuestras instituciones y su normatividad. Erradicar las bases legales de la corrupción

 

Modificar la política económica para combatir la pobreza, dinamizar el crecimiento económico, crear empleos en cantidad y calidad suficiente.

 

Adoptar medidas de emergencia para resolver la problemática agropecuaria e implantar una política de agua a largo lazo.

 

Defender con decisión y energía a los mexicanos que trabajan en Estados Unidos.

 

Fortalecer la lucha en contra de la delincuencia, el crimen organizado y abatir los índices de impunidad

 

Apoyar con recursos adicionales la educación de los mexicanos, el desarrollo científico y tecnológico y el sistema nacional de salud, la cultura, el deporte y la recreación.

 

Adoptar una política de Estado dirigida a los discapacitados, ampliar los derechos de la mujer y combatir todo tipo de discriminación y marginación

 

Formular una política para el financiamiento del desarrollo, acabar con los privilegios fiscales, revisar el Fobaproa/IPAB, convenir una reforma fiscal integral.

 

Asimismo se requiere modificar las bases de organización del movimiento obrero, campesino y popular para garantizar su independencia y autonomía.

 

Cumplir los acuerdos de San Andrés Larrainzar y avanzar en el mejoramiento de las condiciones vida de los pueblos originarios.

 

Retomar los principios de política exterior, restablecer los lazos de amistad y solidaridad con Latinoamérica, exigir la salida de las tropas extranjeras de Irak, reforzar a la ONU y todo el sistema multilateral.

 

Avanzar en la ciudadanización del poder político.

 

Esta propuesta inicial debe concebirse como un punto de partida para elaborar plataformas estatales, regionales, municipales, por barrio, sector o movimiento, cada una de las cuales debe ser insertada en plataformas programáticas, programas de gobierno debidamente articulados para nutrir los lineamientos, recomendaciones y propuestas de un nuevo plan de gobierno y así darle contenido a la lucha, asegurar la continuidad del movimiento, garantizar que el cambio se traduzca en nuevas instituciones y líneas de acción de los tres niveles de gobierno y deje de ser un mero desplante demagógico, una promesa sin sustento, en fin, solo palabras al aire.

 

Abril 30 05