MAS SOBRE LA MARCHA DEL 24 DE ABRIL DE 2005: ¿PRIMADO DEL DERECHO O FUERZA DE LEY?
Andrés Bonilla Torres
En el continumm de Anacruza…deviene la fría reflexión: <<Pensar con el corazón ardiendo, pero con la cabeza fría>>, Tal es la lección de, por lo pronto, el impasse de la tregua, porqué aún falta mucho para construir la democracia, construir luego es, hacer ciudad para habitarla dignamente.
El nomos de la polis, la ley de la ciudad, ley de la sociedad civil, es decir, la legislación impuesta por la acción colectiva de las masas para recuperar la voluntad popular, cuando no fue respetada, una vez depositada en las urnas, encontró su camino hacia una autonomía, hacia una autolegislación, y ética además, cuando la acción por voluntad propia de las masas se convierte en autolegisladora, es decir, heterónoma.
Con Sócrates no pasó lo mismo, no tuvo la suerte de contar con los mass media electrónicos, sin menoscabo de nadie. Si bien existían los Heraldos, no tenían la fuerza de los actuales para convocar a las multitudes.
La Asamblea Popular Moderada, cuya peculiaridad del sí mismo de todos y cada uno de los participantes, se convirtió en un diálogo interno, convertido en una poderosa sinergia peripatética, para demostrar indiscutiblemente, la crisis de representación del Estado y de los partidos políticos. Ahora la clase política, en toda la ambigüedad que la caracteriza, cambia los tonos y matices de sus discursos para tratar de quedar bien con la opinión pública. Su cinismo, llega al grado de querer regresar el fuero federal al Jefe de Gobierno capitalino. A estas alturas, nadie tiene porque regresar ese fuero a AMLO, la sociedad civil sancionó ya.
La Asamblea peripatética, hizo añicos al Congreso, cuando 500 diputados, tuvieron la oportunidad de resolver políticamente un asunto menor. Independientemente de lo primitivo e inocuo de la bancada perredista, al cometer un “OSO” en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, en la ocasión, sus coordinadores habían asestado tremenda cuchillada a López Obrador para inhabilitarlo.
El Congreso prácticamente fue barrido, tácitamente fue inhabilitado por la sociedad civil, desarticulando el golpe de Estado, e instaurando el Gobierno Moderado de los Bienes Comunes. La sociedad en su más cabal uso del fuero: la voluntad popular, hizo una inmejorable Toma de Decisiones Racional: La Institución de la Acción Colectiva, es decir, la autoorganización y administración de los recursos de uso común: la Democracia.
Toma de decisiones, para evitar el consumo excesivo del poder, por parte de unos burócratas y reducir los costos administrativos del Gobierno Federal y por lo tanto, el sostenimiento de una recua de diputados.
El Congreso fue superado, al aplicarse la Teoría de los Juegos, en sus tres modelos de acción colectiva: La tragedia de los comunes; El juego del dilema del prisionero; y La lógica de la acción colectiva. Terna de estrategias para solucionar problemas conflictivos en la búsqueda de beneficios colectivos, en este caso, resolver los problemas de la ciudad. En tal sentido, a la democracia se le vería como “la tragedia de los comunes”, ante la ineptitud del Congreso mexicano para limitar su excesivo gasto y, por definición, su excesiva estupidez.
¿PRIMADO DEL DERECHO O FUERZA DE LEY?
La legalidad de las conductas individuales y sociales, estará basada en un sistema de leyes de la libertad en la sociedad misma, sobre todo, basada en la razón, cuyo principio fundamental es el imperativo categórico kantiano para determinar, en este caso, la política. Un sistema de leyes de la libertad dirigida a lo que debe ser.
Deber ser del imperativo categórico de acuerdo a la legalidad universal cuya definición de Kant: el Derecho es, por un lado, “El conjunto de condiciones bajo las cuales el arbitrio del otro según una Ley Universal de la Libertad”, por otro, es un acto constitutivo del otro y de los otros, regulado por el mandato de la ley moral al autoimponerse máximas universales para la convivencia, y siempre en el marco de la libertad. En tal sentido propone la primera fórmula del imperativo categórico: <<obra sólo según una máxima tal que tu proceder al mismo tiempo que se torne ley universal>>
En el caso de un asunto pasional de los políticos mexicanos, mejor dicho de una estirpe política, el arbitrio de uno ha sido excluir de la contienda, es decir de la convivencia política de un determinado sistema de leyes de la libertad al otro. El libre arbitrio del otro y de los otros, ha nublado precisamente la razón a los poderes de la República: el Ejecutivo, el Judicial, y a una fuerza política de cofrades en el Legislativo, aliados con una buena parte de los viejos monopolizadores de la política mexicana: los dinosaurios priístas, incluso los bebesaurios.
El llamado tránsito a la democracia, rápidamente cambio de rostro. Mostró el verdadero al complotarse un grupo de juramentados y sus aliados-socios, por tanto, se refiere a la sublevación de parte del poder legislativo (360 diputados federales) para propiciar una rebelión legislativa contra el Contrato Originario, contra la voluntad general; incluso, vía línea oficial del Jefe de Estado, para violar ese Contrato de manera burda y primaria, más allá de la tragedia griega, no obstante, desautorizarse ellos mismos como legisladores.
Sí el Estado, como sujeto de Derecho tiene el monopolio de la violencia, (Benjamín) ese mismo Estado tiene entonces miedo de la violencia fundadora, es decir, aquella capaz de justificar, de legitimar, incluso de transformar relaciones de Derecho.
Fundación de Derecho (Benjamín), en el sentido de fundar poder, en el acto inalienable de la manifestación de las masas inmediata, como la del 24 de abril, por las calles hacia el Zócalo. Como respuesta a la violencia ejercida por el Estado, se propone otro poder con la construcción de otra violencia legal y legítima: la de la voluntad y libertad de las masas, cuando el Estado ha fallado como el mediador entre los hombres para evitar la confrontación directa, es decir, cuando ese Estado con todo el monopolio del poder, (Benjamín) se ha deslegitimado en su actuar para crear caos y desorden en la ciudad, incluso en el país, cuando ese Estado ha fallado como mediador entre el hombre y la libertad del hombre.
No sólo fracasó el Estado al intentar inhabilitar al Jefe de Gobierno del Distrito Federal, sino violentó la ley y el orden, al utilizar las instituciones de manera facciosa, contraviniendo las disposiciones del pueblo, es decir, al violentar al mismo tiempo la voluntad general y las mismas reglas de convivencia política de la democracia: el proceso electoral.
Más allá del acuerdo tácito, es decir bajo el Espíritu absoluto hegeliano, la Marcha del Silencio demostró con su fuerza material, la aplicación del artículo 39 constitucional, no para hacerse justicia por propia mano, sino para hacer observar la ley y el orden, además, para recordar a las fuerzas políticas y/o poderes intermedios, que la justicia no debe ser facciosa. Por tanto, justicia y fuerza van juntas, lo cual se demostró con la manifestación.
La Marcha del silencio, demostró a la sociedad política en su conjunto, la crisis de representación de cara al electorado, de cómo el imaginario colectivo es capaz de asumir liderazgo. Demostró, a la clase política, fundamentalmente al ala democrática, aún jugando con las mismas reglas del juego de la democracia liberal, la vía electoral, también se pueden cambiar, para beneficio de una parte de esa clase política.
Demostró, en una sociedad democrática, cuya presunción de serlo, hoy es hora de no haber nacido, donde se supone la existencia del imperio de la ley, el primado del derecho, debe ir acompañado de fuerza de ley (Derrida), es hacer respetar el Primer Principio de justicia: la libertad política, por una parte; por otra, imponer el respeto a sí mismo, como parte integrante de la concepción de justicia de cualquier ciudadano en primera instancia, es decir, la ciudadanía al sentirse agraviada por verse reflejados en un candidato, en este caso López Obrador, es verse afectados en carne propia.
La manifestación, demostró también, bajo el presunto liderazgo de los convocantes, de cómo pueden ser rebasadas las fuerzas políticas, incluso de quien convocó. De suyo se entiende por el triste papel de los partidos políticos en el Congreso. Por tanto, la moraleja de esta marcha, para la clase política en su conjunto nos dice: “no hagas a alguien lo que no quieras que te hagan a ti”, del imperativo categórico kantiano, como un humilde recordatorio de la sociedad civil, a la sociedad política y a los poderes intermedios, para que en lo sucesivo, no se transgredan las libertades políticas de nadie.
Como dijo Marx: “la fuerza material debe ser superada por la fuerza material”, ese poder demostrado con la movilización disuasiva de las masas por las calles de la ciudad de México, del interior de la República, y del carácter internacionalista, se podría decir, de los conciudadanos en 12 países de Europa, incluso en algunos entidades de Estados Unidos, logró encarnar en un poder material y legal, que enseñoreó a las masas, para convencer por la fuerza de la razón, y cuya acción colectiva de la ciudadanía, como sujeto de cambio, se convirtió en un poder decisivo para cambiar la correlación de fuerzas, al dirimir una torpeza política y legal de los señores legisladores, de la inoperancia de la Procuraduría General de la República (PGR), mejor dicho, la sociedad civil se puso a la cabeza del movimiento, cuando se vio afectada en sus intereses.
Ante tal poder de disuasión de las masas, dos días después hace implosión en el “Gabinetazo” del Gobierno Federal, alcanzando a la PGR y al Legislativo, además, algo inusual, el Jefe del Ejecutivo adopta una postura nunca vista en el sexenio: la estatura moral del, ahora sí, Jefe de Estado, al anunciar a la ciudadanía la decisión de garantizar elecciones legítimas para el año 2006; a la par, la presentación de sus renuncias de los principales instigadores de la asonada parlamentaria, incluso la debacle del Estado alcanzó la declinación de Luis Ernesto Derbez a la candidatura a la presidencia de la Organización de Estados Americanos (OEA).
En síntesis, la movilización de las masas, autolegisló la componenda de los 360 coroneles-golpistas, a la vez, vino a contradecir el proceder de estos legisladores cuyo criterio fue tácitamente el mismo de hace casi cien años, cuando Porfirio Díaz en la entrevista de 1908 realizada y publicada por la revista estadounidense Pearson´s Magazine, el redactor James Creelman, tomó la declaración del dictador, cuya semántica, mejor dicho, su discurso ambiguo de todo político se entendió esta frase: “el pueblo de México no esta preparado para la democracia”, por un lado; por otro, hizo una corrección a la forma de administrar y procurar justicia, porque unos policías políticos trasnochados del viejo régimen autoritario al frente de la PGR, trataron de ajusticiar al viejo estilo de la Guerra Sucia a un ciudadano y, de paso, a la soberanía popular, utilizando un Código Penal de 1931 y todos los artificios legaloides habidos y por haber.
Sólo la Fuerza de ley, es decir la marcha, hizo posible corregir un error de los poderes Legislativo y Judicial, encabezado por el jefe del ejecutivo. De nada serviría el derecho que les asistió en las urnas el electorado en el año 2000, para emplear toda la fuerza del Estado a fin de mantener la paz y la convivencia, cuando ellos están subvirtiendo las reglas de convivencia política.
Y más aún, cuando ese Estado se lanza en pos de la cabeza de un ciudadano electo también, por la voluntad de la ciudadanía: Andrés Manuel López Obrador. Éste ciudadano, como fiel reflejo de la democracia inspiradora del pueblo, convocó a las masas para revertir el Golpe de Estado de los coroneles-legisladores y socios, la Fuerza de Ley de los manifestantes, convertidos en Parlamento Ciudadano, tuvo mayor fuerza política y legal, incluso moral sobre toda la clase política.
Fuerza de ley, capaz de hacer saltar y enfurecer a uno de los principales incitadores del golpe a la democracia: Roberto Madrazo Pintado, Presidente Nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), cuyo cheque en blanco endosado y depositado en la urna del recinto legislativo de todos y cada uno de sus compañeros diputados, que votaron a favor del desafuero, será una parte de la fuerza política, que pagará los platos rotos en las próximas elecciones de este año y del 2006, cuyos votos “útiles” del pasado 7 de abril, resultaron, al parecer, porque todavía no termina la tragicomedia mexicana, finalmente inútiles, al grado de echarle en cara a quién los instigó a la aventura para <<mover a todo el Legislativo y al Judicial>>.
No contaban con la mayoría de edad de la ciudadanía. Esta vez, el pueblo se autorepresentó y sentó un precedente, cuya promesa va dirigida a la clase política, a los poderes intermedios, así como a otros detentadores. A partir del ejemplo, incluso al mundo, de cómo se hace política y de cómo se aplica el Derecho, lo van a pensar dos veces y como se dice coloquialmente: “conmigo no juegas”.
La democracia no ha muerto, vive por la gracia de la sociedad civil, no por la sociedad política. La democracia sólo fue posible por la acción colectiva y directa de una buena parte de los organizados sin partido, estos salvaron a la República. La nave republicana va…
Ha llegado el momento, ahora sí, de pasar oficialmente del “denme por muerto” (AMLO), al “Despertar del mundo de los muertos” (Marx). Va siendo la hora de resucitar en la Real politik, al mundo de los vivos, donde la sociedad civil se juega sus intereses, ahora si, al parecer, el tránsito a la democracia dará el salto cualitativo.
NOTA DE PRECISIÓN AL COMENTARIO DEL DR. RUBÉN MARES GALLARDO, DIR. ESFM-IPN, APARECIDO EL DÍA DOMINGO 8 DE MAYO EN EL CORREO ILUSTRADO DEL DIARIO LA JORNADA.
En relación al texto del Dr. Rene Drucker Colín, Miedo a AMLO: ¿por qué?, el Dr. Rubén Mares Gallardo comenta y complementa con cita textual de Kant: “obra siempre de tal manera que la norma de tu acción se convierta en ley universal”, extraída de Crítica de la razón práctica para usarla como fundamento a la política, es decir, a la proclama de López Obrador ante la multitud en el Zócalo, dice él, es un trascendente axioma político:
“Dicho de otro modo: se puede transformar la realidad con sólo el empuje de la sociedad; pero se avanzaría más y de manera conflictiva si se pacta ese compromiso con los diversos actores de la vida pública.”
Primero: para el texto del Dr. Drucker Colín, no puedo hacer ningún comentario, toda vez, que no leí su carta.
Segundo: la adición del Dr. Rubén Mares, se refiere a la primera fórmula del imperativo categórico de Kant de la obra: Fundamentación de la metafísica de las costumbres:
“obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal”
Estaría fuera de contexto, no tiene que ver con el espíritu filosófico kantiano y, cuyo rigor científico de la obra de Kant no es lo adecuado al planteamiento de AMLO. No tiene que ver nada en cuanto a la moralidad, a lo jurídico y a lo político, planteado por Kant, sólo sí y sólo sí el párrafo aislado del contexto social. Defender tal postura se convierte en apología a ultranza, al querer fundamentar a la fuerza con las tesis del filósofo de Königsberg. Sería muy discutible ese párrafo, no es conveniente mezclar la ciencia de Kant con la política y menos con un párrafo sacado fuera de contexto.
Cabe aclarar, que un servidor dando seguimiento al asunto del desafuero del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, envío un artículo a La Jornada antes del Juicio de desafuero en la Cámara de Diputados con fecha 03 de abril de los corrientes titulado: Golpe a la República; después se elaboró un Editorial de ese mismo artículo con fecha 24 de abril, asimismo, se hizo un tiraje de 2 mil folletos para distribuirlos en la marcha del silencio. Posteriormente, en medio de la cruda realidad, es decir, de la posmarcha, se elaboró otro artículo con título: ¿Primado del derecho o fuerza de ley?, con fecha 29 de abril para colocarlo en la página de Nueva Sociedad, sin embargo no fue posible, sólo se discutió con los compañeros encargados de las publicaciones. Cabe señalar, que en este trabajo se trato de fundamentar con las tesis kantianas todo el proceso del desafuero, es decir la acción colectiva de las masas, encarnado en un poder material de la ciudadanía, movida por la voluntad popular.